Mostrando entradas con la etiqueta lluvia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lluvia. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de febrero de 2012

Quizás...


Quizás las flores perecerán,
pero mi amor por ti perdurará.
El rocío de la primavera
alimentará los botones de esperanza.

Quizás me quede sin palabras,
pero el silencio será mi oda a tu corazón.
La musa del río fluye de la roca
al socorro del bosque incendiado.

Quizás el tiempo y la distancia separen nuestros cuerpos,
pero ni el océano mas grande apartara nuestras almas.
La pobre oruga huye arrastrándose entre las hojas
de la parvada enemiga, esperando el futuro prometido.

Quizás las imágenes falten,
pero nuestros recuerdos nos nutrirán.
La luna se refleja en el lago cristalino,
escarcha de plata cayendo del cielo.

Te has vuelto mi poesía,
mis versos ya no me pertenecen.
Tu sonrisa se ha robado mi aliento.
Cantaré día y noche a tu amor bella niña.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Hoy no escribiré...


Hoy no escribiré del amor

pues ha partido de mí.

Diría que escribiré de la libertad

pero sigo preso de mis pensamientos.

¿De qué escribiré?


Afuera llueve y el sol nace.

Imposible, la lluvia cae dentro

y el sol es opacado por la luna.


Los pájaros cantan y lo árboles bailan.

Inconcebible, el ruiseñor sangra en un rosal

y los árboles lloran con hojas su partida.


La vida sigue y el sufrimiento se ha esfumado.

Inalcanzable, sigo estancado en esta laguna verde

y las cenizas aún siguen respirando.


Creo que tengo una idea.

Escribiré de la nada,

pues es todo lo que ha quedado.

Escribiré que un día baile, mi musa,

en un sueño y olvido, mis pies en soledad.

sábado, 30 de julio de 2011

Una tormenta en mi ojo...


De tanto llorar una tormenta se ha desatado en mis ojos creando un infinito océano de lágrimas...

Aquí les dejo uno de mis más recientes dibujos, espero les guste, por favor comenten.

martes, 3 de agosto de 2010

El toque de un ángel...

La lluvia sigue cayendo desde hace unos días. Me encuentro parado solo en medio de una calle vacía. Escucho el incesante sonido de las gotas golpear el desolado suelo. Volteo para todas partes, pero no alcanzo a ver más que las gotas oscuras que empañan mis ojos. Siento en mis pies descalzos la rápida corriente de agua recorrer la solitaria calle. Espero a que algo suceda. Extiendo mi brazo derecho enfrente de mí esperando alcanzar algo. Intento abrir mis ojos para lograr ver más allá de la cortina de lluvia. Despejo mis párpados con mi mano izquierda y veo una extraña figura blanca. Un súbito destello aparece delante de mí. ¿Quién es? ¿Qué alma errante se postraría ante mí estando solo? No puedo caminar hacia aquella figura. Estoy paralizado de la cabeza a los pies. Mi brazo derecho sigue extendido en su dirección. El destello se hace más grande, pero no logro reconocer aquella figura. Una tenue pero pesada cortina de lluvia me impiden ver aquel curioso contorno. Abro mis ojos más allá de lo posible, no pestañeo por el temor a que la figura desaparezca y nunca más la vuelva a ver. A pesar de ser desconocida para mí, aquel resplandor blanco me llena de paz. Un súbito destello aleja las gotas de mis ojos y me permite observar y capturar la bella imagen de la figura. El tiempo se congela en un pavor espeluznante por saber quién es. Se aclara todo y me doy cuenta. Es ella. Es aquella figura que ha paralizado mis días. Aquella figura en donde el pasado y el futuro han desaparecido. Aquella figura que no he podido dejar de observar por miedo a que desaparezca. Aquella figura que ha donde quiera que vaya ha estado conmigo. Aquella figura que ha alejado mis temores y me ha dejado solo en el sentimiento de acercarme a ella. Es una figura angelical. Es el ángel de mis sueños. Es el ángel de mi realidad. Es el ángel que quiero alcanzar.
No quiero pestañear por temor a que desaparezca tan hermoso ángel. Tiene sus alas extendidas para protegernos. Sus ojos me miran constantemente. La espesa lluvia hace que su castaño cabello caiga pesadamente sobre sus hombros descubriendo su bello rostro. Sus ropas aparecen blancas como la nieve en una pureza efímera sin mancharse por la sucia lluvia que cae. Entre el largo tiempo que observo inmóvil aquel ángel hermoso, su brazo derecho se extiende enfrente de mí. Su delicada figura apunta hacia mí. Ambos permanecemos congelados por el instante. El agua sigue recorriendo nuestros cuerpos incesantemente. Queríamos acercarnos en un movimiento definitivo. Con mi mirada fija en su figura, ella hace un gesto con su boca. El ángel despliega una sonrisa de par en par en su blanco rostro. Un radiante destello sale de su bella sonrisa opacando la blancura de su vestimenta. El ángel me sonríe. Una inmensa alegría recorre mi ser. Entre las dulces gotas provenientes del oscuro cielo se siente una pequeña gota salada recorrer mi mejilla. Indudablemente es ella, mi ángel. Aquella figura de la cual me he enamorado. Me siento inútil por no poder moverme ante tal hermosura. No puedo ni hablarle. Dos figuras con una historia sin escribirse y por contarse permanecen mirándose eternamente en una calle vacía. Escuchan el pesado golpeteo de las gotas caer al suelo. Mantienen fijas sus miradas en el rostro opuesto. Dos figuras desconocidas permanecen congeladas en el tiempo en un eterno esperar. Un bello ángel con un brazo extendido postrado delante de él y un cobarde que no se puede acercar. El inicio de una historia que está por escribirse. Dos figuras errantes en una calle vacía, un hermoso ángel y su cobarde amante.
¿Quién es ese ángel? Eres tu Niche. Te conozco. Eres el ángel de mis noches. Eres el ángel que se ha metido a mi mente y no me ha dejado en paz desde aquel hermoso día en el que te conocí. Eres el ángel que guarda mi camino. Eres el ángel de mis pensamientos más profundos y efímeros. Eres el ángel que ha controlado mi tiempo. El pasar de los días contigo se ha convertido en un eterno esperar para volver a ver tus preciosas alas. Eres el ángel que se ha robado mis sueños y los has convertido en nuestros. Eres el ángel que he querido abrazar y besar desde que me enamoré de ti. Eres el ángel de mi inspiración para escribir historias irreales. Eres el ángel que ha sacado lo mejor y lo peor de mí. Eres el ángel que me ha acobardado por tu bello resplandor. Eres el ángel de mis alegrías y de mis tristezas. Has puesto en mí una sonrisa de par en par por tu toque. Me has hecho llorar de soledad por tu inexistente partida. Me has hecho reír por tu remarcable presencia. Eres el ángel que ha penetrado por mis puertas a mi alma. Eres el ángel que ha entrado a mi corazón y lo has cubierto en una blancura resplandeciente por tus blancas alas. Eres un ángel desconocido para mí, pero daría mis segundos por volver a estar contigo. En este instante, debajo de la lluvia, inmóvil ante tu presencia, parado sobre la fría y solitaria calle delante de ti, tú lo eres todo para mí.
Sigo parado enfrente de aquella hermosa figura, mi ángel. Un sin fin de pensamientos inundan mi mente, pero mi boca sigue cerrada. Me siento inútil porque estando tan cerca de ella no puedo decirle lo mucho que la quiero. Por mucho tiempo la he estado buscando y ahora ella se encuentra con su brazo extendido a unos cuantos metros delante de mí. Día tras día, noche tras noche, ese ángel me ha perseguido en mis pensamientos y en mis sueños. De día permanece como una imagen constante siempre a mi lado. Me permite voltear a verla y seguir adelante. No me ha dejado en paz desde que me enamoré de ella, pero no quiero que lo haga pues ha inundado de alegrías mis tristezas. De noche aparece delante de mí tan blanca y resplandeciente como yo siempre la he recordado. Se encuentra parada a un lado de mi cama con sus alas extendidas para cuidarme. En mis sueños ella aparece continuamente, iluminando mis pesadillas y convirtiendo mis sueños en mi realidad. Sigo sintiendo las gotas deslizarse por mi piel. Sigo viendo a mi hermoso ángel mojarse por la pesada lluvia. Un repentino cansancio me hace cerrar los ojos. No quiero. Tengo miedo a que desaparezca en mi pestañeo. El tiempo se congela y con los ojos cerrados viene a mi mente un sueño hermoso. ¿Quién está ahí? Es ella.
La música se escucha en el fondo. La luna resplandece entrando por el balcón del salón. Todo parece crear un ambiente perfecto para nuestro encuentro. Estoy sentado solo en una mesa para diez personas al fondo del salón. Bebo incesantemente la copa de vino que me han dejado enfrente mientras espero a que ella llegue. En mi espera, veo a un sin fin de personas pasar delante de mi mesa, pero ninguna es ella. En el fondo suena una tenue música melancólica que me hunde en mis propios pensamientos. La había visto en la tarde previa a la reunión pero me he adelantado y he llegado antes que ella al salón. Traía ropa blanca. Se veía preciosa. Resplandecía entre todos los presentes. Parecía un ángel congelado en el tiempo. No había tenido el coraje para saludarla, pero sabía que ella vendría y que aquí tendría otra oportunidad para estar con ella. Sigo aguardando sentado en la solitaria mesa. Volteo y fijo mi mirada hacia la decorada puerta blanca esperando a que ella llegue.
El salón se empieza a llenar más y más, pero ella sigue sin estar aquí. La música sigue sonando, ya no tiene un ritmo melancólico pero la soledad en la que me encuentro convierte cada sonido en un nostálgico recuerdo de ella. Una pequeña curiosidad me hace voltear a la pista de baile. Muchas personas se encuentran en el centro bailando en parejas al ritmo de un vals sin letra. Todos están con la persona que quieren o al menos eso parece, todos excepto yo. Me encuentro solo, esperando a que un ángel ilumine mi oscuro salón. Volteo de nuevo hacia la puerta. Ésta se encuentra abierta. Busco desesperadamente alrededor de mí para intentar encontrarla. Doy mil vueltas por todo el salón con mi cabeza, pero no logro divisarla por ningún lado. Todas las personas se congelan, el tiempo se detiene y me ahogo en una inmensa desesperación buscando a aquella persona que quiero encontrar. Regreso mi mirada a la puerta con la ilusión de que ella no haya sido la que entrara. Los minutos pasaron y nadie más volvió a cruzar por la entrada. De pronto alguien se acercó a aquellas decoradas puertas de blanco y las cerró. Tras haber perdido toda esperanza de encontrarla, dirigí mi mirada a la ya vacía copa. La sostengo con mi mano derecha y la acerco a mi boca seca para sorber la última gota de vino que queda. La levanto viendo en dirección a las puertas del balcón. Se encuentran cerradas. Habiendo saciado mi sed, bajo lentamente la copa descubriendo el comienzo de las puertas. Una pequeña sensación de ilusión me inundó al ver que las puertas se encontraban abiertas. Un pequeño rayo de luz proveniente de la luna llena entra por aquellas puertas. La luna parecía ser la invitada de honor de esta reunión. Terminé de bajar la copa a la mesa y perdí mi mirada entre la inmensidad de la noche. En mi inconsciencia, un suave resplandor cegó mi vista desde el exterior. Parada, recargada en el barandal de concreto en el balcón, se encuentra mi ángel.
Estoy sentado solo en una mesa deshabitada. La copa de vino se encuentra vacía. La música sigue sonando y las parejas siguen juntas sin ganas de separarse. Sin embargo, todo esto carece de importancia al contemplar aquel blanco resplandor que ha venido a iluminar mi oscura noche. Ella se encuentra afuera en el balcón. Un impulso recorrió mi cuerpo. Me hizo levantarme de mi silla sin pensarlo. El tiempo sigue congelado. Las personas siguen bailando sin moverse un vals silencioso. El oscuro salón se ha inundado del hermoso color blanco de sus alas. Camino lentamente hacia ella. Veo su espalda. Sus brazos están recargados en el barandal de concreto. Siento pánico a cada pisada que doy para acercarme a ella. Siento heladas gotas de sudor recorrer mi piel erizada por el nerviosismo de abrazarla. No cuento los pasos que doy para estar frente a ella, pero los segundos se me hacen eternos. Esquivo las mesas que están entre ella y yo. Me acerco poco a poco a su bello resplandor. Me paro debajo del marco de las puertas corredizas de cristal. Me quedo contemplando su contorno por un largo rato. Me encuentro detrás de ella, inmóvil por el temor de verla cara a cara. Me acerco lentamente hacia el barandal del balcón. Estamos solos debajo de una hermosa luna blanca en medio de una noche sin nubes. Me emparejo a su lado derecho y recargo mis brazos sobre el barandal. Volteo a verla con una sonrisa. Ella está llorando. Me quedo sin palabras. No sé porque está así. Despego sus brazos del barandal suavemente con mis manos. Ella mantiene su rostro agachado, con lágrimas recorriendo sus ruborizadas mejillas. No se escucha ningún sonido. Todo se encuentra en silencio excepto por el tenue canto de la luna y el estruendoso recorrido de las lágrimas al caer. La sujeto con ambas manos. No hay palabras. Sin pensarlo le doy un fuerte abrazo. Rodeo con mis brazos su delicada silueta. Siento sus largas alas pasar detrás de mi espalda. Siento su delicada cabeza reposar sobre mi hombro. Todo se ha paralizado por un bello ángel. Ni el pasado ni el futuro existen. Sólo existe este momento donde estamos ella y yo. Despegamos nuestros cuerpos un poco. Permanezco con los ojos cerrados. Lentamente comienzo a sentir como sus brazos se desvanecen. Un súbito temor me inunda. Abro los ojos rápidamente para ver que ha sucedido. Despierto de mi sueño. La veo justo delante de mí.
La lluvia sigue cayendo pesadamente sobre nuestros cuerpos. La calle en la que estamos continúa completamente vacía. Siguen las dos mismas almas errantes sobre el húmedo pavimento. Sin embargo, la escena ha cambiado. El ángel se ha acercado a mí. La distancia entre ella y yo se ha acortado. Los infinitos metros que me separaban de mi ángel se han convertido en escasos centímetros para poder rosar su suave piel. Aún no puedo moverme. Su cuerpo sigue en la misma posición. Su brazo derecho sigue extendido hacia mí. Mi mano derecha casi puede sentir su delicada mejilla. No nos movemos más allá. El tiempo sigue transcurriendo y ninguno de los dos hace algún movimiento. Nuestros ojos permanecen mirándose fijamente. Puedo ver adentro de ella. Me pierdo en sus cristalinos ojos cafés. Esos hermosos ojos que me han robado suspiros una y otra vez se encuentran delante de mí, observando mi cobardía. Sus hermosas alas continúan desplegadas de par en par para protegernos. Su ropa y sus plumas continúan mojadas por la incesante lluvia. Siento una frustración inmensa al no poder tocarla. Tengo a mi amada delante de mí y no puedo estar con ella. Su sorprendente blancura me ciega. Hago un esfuerzo constate para no cerrar mis ojos y seguir contemplando a mi ángel. Un repentino resplandor hace dejar de verla. Su bello y blanco resplandor me ha obligado a juntar mis párpados por un momento. Intento resistir para continuar observándola pero su luz no me lo permite. Antes ella se acercó a mí, pero no quiero que desaparezca. Quiero seguir observándola eternamente aunque no pueda estar con ella. Quiero seguir sintiendo su presencia aunque mi boca tenga sed de sus labios. Quiero seguir congelado delante de ella aunque no pueda tocarla. Quiero seguir viviendo delante de ella con la esperanza de que algún día la lluvia cese, que nuestros cuerpos ignoren el tiempo, que nuestras almas dejen de andar errantes y por fin se encuentren. Quiero vivir en la esperanza de que ella sea mi ángel por siempre y que pueda abrazarla eternamente.
Permanezco con los ojos cerrados, cegados por su hermoso resplandor. Una imagen viene a mi mente. Un sueño que tuve con ella hace no mucho tiempo. Nos encontrábamos en un parque rodeados de gente. La noche caía mientras el cielo se volvía cada vez más oscuro. Parecíamos dos niños chiquitos jugando a la luz de la luna. No había temores ni rencores. Corríamos en el verde pasto y nos colgábamos en el frío pasamanos de metal. Los niños corrían alrededor de nosotros mientras todo parecía congelado por su presencia. El silencio era abrumador y entre todos los sonidos, su voz resaltaba como el sonido de un faro en medio del basto mar. Las estrellas y la luna eran espectadoras de nuestro efímero encuentro. Las nubes parecían moverse al compás de nuestros pasos sobre el frío suelo. Ella y yo estábamos arriba de un viejo pasamano verde al centro del parque. Los minutos pasaban y el parque se quedaba cada vez más solo. La oscuridad de la noche se volvía más intensa. Sin embargo, para nosotros todo seguía congelado. Seguíamos estando juntos a la luz de la luna en un silencio encantador. Un súbito movimiento de ella rompió la tranquilidad en la que estábamos. Se bajó rápidamente y salió corriendo por un lado del pasamano rumbo a un callejón oscuro cercado por edificios. Casi inmediatamente después de ella me bajé y la seguí. Una persona desconocida para mí se encontraba cerca del juego de metal. Me preguntó para qué la seguía. Le respondí que iba tras ella para cuidarla. Apenas había dado unos pasos cuando ella entró por aquel oscuro callejón. Corrí lo más rápido que pude. Después de unos segundos entré al callejón. Di vuelta a la derecha apenas entrando. Las luces de los edificios no eran lo suficientemente fuertes para alumbrar el camino repleto de tinieblas. Di unos cuantos pasos más y giré a la izquierda. Al voltear en la esquina logré verla. Apresuré mi paso para estar a su lado lo antes posible. Me acerqué a ella rápida y cautelosamente. La toqué del hombro y ella volteó a verme. Me preguntó a qué había venido. Le respondí que la seguí para cuidarla. A pesar de la tenue luz que se asomaba por el callejón, podía contemplar su blancura completamente. De la cabeza a los pies podía observar lo bella que se veía delante de mí. Su presencia relucía en todo el callejón. Aun sin saber si había una salida, sentía una paz inmensa estando con ella. No importaba que camino íbamos a tomar, pues lo recorreríamos juntos. Me acerqué un poco más a ella y me quedé viendo fijamente a sus ojos. No me pude contener las ganas de rosar su suave piel, así que me abalancé sobre ella para abrazarla. Quería abrazarla para poder sentir su cuerpo cercano al mío. Quería sentir sus alas rodear mi cuerpo. Quería extender mis brazos hasta donde me fuera posible para cuidarla en todo momento. Con un abrazo quería que fuéramos uno y permaneciéramos así eternamente. Cerré mis ojos en el trayecto entre ella y yo. Abrí mis brazos completamente y rodeé aquella silueta blanca que se trazaba enfrente de mí. Los segundos se congelaron y el tiempo se volvió eterno para rodear aquel bello cuerpo angelical. Poco a poco me acercaba a ella pero al mismo tiempo sentía que su calor desaparecía. Acerqué mi rostro antes que mi cuerpo hasta rosar su bella mejilla. Un ligero toque fue todo lo que necesité para inundar mi ser en alegría y tristeza. Apenas rocé su suave piel y todo se empezó a desvanecer. Mis brazos hacían un círculo alrededor de alguien que ya no estaba. Abrazaba al viento en medio de un callejón oscuro y sin salida. Abrí mis ojos lentamente. Un pánico inmenso sacudió mi cuerpo. No quería abrir mis ojos por miedo a que ya no la volviera a ver. Quería imaginar que su hermosa sonrisa aun resplandecía delante de mí. Quería imaginar que aún estaba con ella. Terminé de abrir mis ojos y me di cuenta de la cruel realidad. Una lágrima se me escapó y recorrió mi mejilla. Sentí como se deslizaba lentamente por mi piel y la escuché caer al suelo. Estaba solo en medio de un callejón oscuro, atrapado por edificios altos y viejos con una tenue luz apuntando como reflector sobre mi pena. Me encontraba solo debajo de una luna escondida por las nubes en una fría noche. Después de un rato comenzó a llover. Fue entonces cuando recordé que estaba soñando. Desperté.
Sigo parado en medio de la calle con los ojos cerrados. Aquella lluvia de mis sueños no fue más que un reflejo de la realidad. Siguen cayendo las pesadas gotas de agua sobre mi cuerpo. Sigo con mi brazo extendido hacia adelante. Sigo inmóvil debajo de la oscuridad de la noche. Todo parece estar igual. Sin embargo, siento un inmenso terror revoloteando en mi mente. Parece que algo ha cambiado. Lentamente abro mis ojos. Lenta y dolorosamente empiezo a darme cuenta de que ella ya no está. Volteo mi mirada para todos los lados accesibles sin mover la cabeza. No hay ningún rastro de ella. Su bello resplandor se ha desvanecido entre la espesa cortina de agua. El abrazo vacío en mi sueño era su desaparición en la vida real. No la siento más alrededor de mí. Pongo una sonrisa de tristeza sobre mi mudo rostro. Comienzo a darme cuenta de que mi parálisis se ha ido y que puedo moverme de nuevo. Bajo mi brazo despacio. Abro completamente mis ojos sólo para observar la espesa lluvia. Observo la tenue luz de la luna reflejarse en las gotas de agua que caen al suelo. Pestañeo una y otra vez sin cesar con la esperanza de que ella vuelva a aparecer, pero no es así. Aquel ángel que se había estado acercando en mi inconsciencia, ahora ha desaparecido en un pestañeo.
Mis sentimientos hacia ella no han cambiado, sigo enamorado de ella, pero ya no hay nada más que se pueda hacer. Mi ángel no se encuentra más delante de mí, ha desaparecido. En mi cobardía dejé que se escapara una vez más. El temor de acercarme a ella me ha alejado del ser del cual me he enamorado. Mi felicidad se ha escapado junto con ella. Me he quedado solo en una calle vacía. Una cobarde alma errante en busca de su ángel. Inconscientemente esperaba que algo sucediese. Un momento que me llenara de esperanza y que me diera la ilusión de que estaría con ella. Un rayo de luz que rompiera entre las cerradas nubes de mi noche lluviosa. Un instante efímero que cambiara nuestra historia para siempre. Pero nada sucedió por mi indecisión. Ella se ha ido. Yo me encuentro solo. La lluvia sigue cayendo fuertemente. Sigo pestañeando con la ilusión de que vuelva. La extraño. Te extraño mi bella figura angelical. Nunca me olvidaré de ti. Te seguiré esperando eternamente debajo de estas nubes para que estemos juntos y hagas brillar tu hermoso sol en medio de mi oscura noche. Nos volveremos a ver mi precioso ángel y esta vez será para siempre.

sábado, 24 de abril de 2010

Soledad...

Todo ha empezado como una mañana común y corriente. Escucho el sonido de los pájaros piar “pio, pio” en las afueras de mi ventana. Siento los rayos del sol traspasar el umbral cristalino que separa el exterior de mi cuarto. Muevo mis brazos a lo largo y ancho de la cama buscando a la persona que tanto deseo. Aún tengo los ojos cerrados así que mi mundo sigue cubierto en tinieblas. Extiendo mi cuerpo hasta los bordes infinitos de mi cama con la esperanza de contactar a aquel ser que tanto anhelo. Entonces algo me hace abrir los ojos. Un pequeño sonido irrumpe el silencio en el que me ahogaba. Abro súbitamente mis ojos y es cuando me doy cuenta. Estoy solo.
Permanezco inmóvil sobre mi vasta y ancha cama. Siento gotas de sudor recorrer mi cuerpo. En el mundo exterior está haciendo demasiado calor. Supongo le podría atribuir mi sudor a eso. Pero adentro de mi cuarto, encima de mi cama, se siente un frío abrumador. El correr del viento no hace más que helar las extremidades de mi cuerpo. A mi cama, a mi ser, a mí me hace falta algo, alguien, que me sostenga de no caer del barranco, alguien en quién acurrucarme, alguien a quién besar, alguien a quién abrazar. Me hace falta mi otra alma. A ello le atribuyo mi sudor, a una desesperación inmensa, un vacío lleno de tristeza, un anhelo eterno, una esperanza destruida constantemente. Al abrir mis ojos es lo primero que pienso, es lo primero que siento. La extraño, ahora sólo quedo yo.
Porqué sentirme así, si permanezco sobre mi cama, si aún soy joven y no he hecho más que levantarme de mi efímera vida. Un temor me abordó mientras vivía. ¿Alguna vez se han sentido solos? Estar rodeados por demasiadas personas y darte cuenta de que las odias. Detestas el constante parloteo emanante de las retorcidas bocas. Te fastidia el repetido choque de sus cuerpos. Odias el sentir su presencia tan cerca que sientes que tocan tu ser. Aborreces el rechinido de su calzado contra el frío y duro piso en el que estás parado. De sobremanera odias las hipócritas sonrisas que se muestran entre ellos. Sientes como si sus fauces se burlaran de ti. En medio de esa soledad sientes que alguien te hace falta. No importaría esa masa de personas que se congregan alrededor tuyo si tuvieras a aquella persona que tanto te importa. Pero te das cuenta de que no está, de que por más que lo desees, sigues estando solo.
Un sueño, una vida, morir, despertar, miedo, coraje, eso es lo que sientes cuando te levantas y sientes que algo te falta y que darás todo por encontrarlo. Todo empezó en un enorme frío y oscuro cuarto. Estábamos viendo una película recién estrenada. Yacíamos sentados en la fila de en medio en la orilla izquierda. Ella se encontraba a mi derecha. Alrededor nuestro había mucha gente. Había un silencio encantador mientras nos entreteníamos viendo la película. De pronto se acabó y la barrera del silencio se rompió. La gente empezó a parlotear y a pararse de sus asientos. Para nosotros todo seguía en calma y en silencio porque solo existíamos ella y yo. Cuando estamos juntos nada más existe, estoy yo para ella y ella está para mí. No hay nadie más y esto me llena de felicidad.
Decidimos pararnos también y salimos abrazados de la sala. Caminamos el largo pasillo. No quería que acabase ese momento. Debido al tiempo que habíamos esperado, estábamos solos en el pasillo. Nadie nos veía. Solo nosotros dos, abrazados, existíamos en ese pasillo, en ese momento. Un impulso recorrió mi cuerpo. Sin darme cuenta, abalancé mi boca para besar sus delicados labios. A pesar de que era algo que hacíamos cotidianamente, y no malinterpreten, cada beso con ella es un éxtasis de sentimientos indescriptible, fue un beso magnífico. Ninguno de los dos lo esperaba, fue un beso no planeado, de aquellos que te hacen perder la conciencia, que te hacen encerrarte en ese momento, de adueñarte de él. Nos separamos con una sonrisa de par en par en nuestros rostros. Seguimos abrazados y continuamos caminando hacia el fin rechazado del pasillo.
Al salir del lugar nos encontrábamos en la entrada del cine. Ya no nos encontrábamos abrazados, pero ella seguía a mi derecha. Nos dirigimos rumbo al elevador. Antes de llegar, ella me detuvo con sus suaves y tiernas palabras. Me dijo que quería que estuviéramos solo nosotros dos otra vez, pero esa vez más íntimamente. Me dijo que quería que la hiciera mía, que consumara nuestras existencias, que las convirtiera en una sola. Que creará un momento donde solo estemos ella y yo. Le dije que sí. Lo tomé de la mano y nos dirigimos al elevador esta vez con más rapidez. Antes de poder entrar se nos acercó una muy buena amiga mía enfrente de nosotros. La saludé con entusiasmo y las presenté mutuamente. Mi amiga se encontraba del lado izquierdo mío y ella estaba del lado derecho. Ambas estaban enfrente mío. Mi amiga se acercó a ella y le dio un abrazo. Se veía gustosa de conocerla. Se movió un poco para atrás y le apretó los cachetes como a una pequeña niñita. Ella se mostró con una cara de fastidio pero no apartó las manos de mi amiga. Después de la cómica escena, mi amiga y yo seguimos conversando. Me dijo que andaba de paseo y que había otros amigos suyos y míos también. Me dio gusto encontrarla y sus noticias me llenaron de felicidad. Sin embargo ella me interrumpió casi bruscamente. Me repitió que quería que la hiciese mía. Le dije que estaba bien. Me despedí de mi amiga y continuamos hacia el elevador. Debido a que ella llevaba prisa se adelantó y yo me quedé conversando. Cuando terminé, bajé el elevador hasta la planta baja del centro comercial en el que estábamos.
Al llegar a la planta baja vi que ella ya se encontraba fuera del centro comercial. Esa vista no duró mucho porque al primer paso que di que resbalé. No se cómo o porqué, pero el piso se encontraba congelado. Al resbalarme me fui a estrellar con la pared en el lado opuesto del lugar. Quise recuperarme pero no me pude levantar, así que no me quedó de otra más que deslizarme hacia la salida. Me empujé con mis brazos hacia atrás y me agarré de una banca en medio del lugar que estaba cerca de la salida. Una mujer desconocida se encontraba sentada sobre la banca. Se reía ante mi desesperación de salir de ese gélido lugar. Finalmente logré empujarme hacia la salida y reencontrarme con ella, mi amor eterno. Me ayudó a levantarme y la sostuve por detrás. La abracé de la cintura y recosté mi cabeza sobre su hombro derecho. De esa manera nos alejamos y nos perdimos entre la inmensidad del estacionamiento. Esa noche empezó a llover fuertemente. Nos separamos, cada quién se fue por su lado, felices y con la esperanza de encontrarnos al día siguiente. Así sucedió.
En la mañana nos encontramos en la escuela. Como siempre nos saludamos y permanecimos el uno al lado del otro hasta que el molesto timbre nos separó y cada quien se fue a su salón. ¡Qué eterno esperar! Cada mañana esperar que cada una de las clases acabe. Sentir que el tiempo se ha vuelto tu enemigo porque te separa de la persona que más quieres. Los segundos se han convertido en horas y ves el infinito pasar del tiempo con una desesperación inmensa. Y todo esto por estar una vez más con aquel ser que tanto quieres. Todo por saborear esos labios que te han alejado por un capricho de tu enemigo el tiempo.
Acabaron las clases como suelen hacerlo. Me he vuelto una vez más loco esperando a aquella persona. Pero sé que eso no importa porque ella me volverá a mi cordura o nos enloqueceremos más, pero juntos. Volvimos a ser los dos, a ignorar el mundo exterior y a encontrarnos de nuevo solo nosotros dos. Caminamos juntos esquivando a la gran masa llamadas personas rumbo a nuestro lugar predestinado. Seguía lloviendo desde la noche anterior. Caían fuertes gotas desde un cielo nublado. A nosotros nos encanta la lluvia, así que hemos dejado este impedimento de lado y lo disfrutamos. Llegamos a nuestro lugar y nos encontramos con la sorpresa de que había sido invadido por gente ajena a nuestra existencia. Debo admitir que estábamos decepcionados por este hecho. Aquel lugar que tanto anhelamos por largas horas se veía infestado por parásitos del poco tiempo que teníamos. Sentimos como si el tiempo tuviera aliados que extendían sus brazos de retención para alargar el momento de nuestro encuentro. Estuvimos rodeados de esa gente por un largo rato. Sin embargo una desesperación inmensa me invadió. Me embriagué del pestilente hedor de las personas a mí alrededor. Me levanté súbitamente y salí corriendo entre las gotas y la multitud apabullante. Sentí como si mil rostros se burlaran de mí por ser un iluso y esperar algo que me era arrebatado a cada segundo, y aun así yo tenía, tengo esperanza. A donde quiera que mirase se encontraba gente. Me paré en medio de una explanada buscando un lugar donde pudiera estar solo, donde nadie me viera. Seguí corriendo y me senté en una esquina del edificio principal. Agaché mi rostro y creo haber sentido lágrimas recorrer mis mejillas. De pronto escuché una reconfortante voz, era ella.
Levanté mi mirada y la vi. Su tierna y delicada sonrisa se alzaba enfrente de mí. Fue como un destello de esperanza entre las tinieblas de aquella sucia sociedad. Se sentó a mi lado derecho y me dijo que no me preocupara. Acercamos nuestros rostros y nos dimos un beso. El rose de nuestros labios fue excelso. Todo lo demás desapareció ante la belleza y simpleza de este beso. Sentí sus suaves porciones de carne chocar contra las mías. Sentí su delicado cabello rosar mis mojadas mejillas por el impulso del beso. Pude ver con mis ojos cerrados a la persona que tanto quería con una perfección casi aterradora. El beso solo fue un instante, un instante que ahora quedará grabado eternamente en mi memoria. Nos separamos y nos vimos mutuamente. De pronto ella se paró y salió corriendo entre la multitud. Me quedé sorprendido. No quería dejarla ir, así que me paré y salí corriendo tras ella. De pronto todo se empezó a tornar oscuro. Había caído una noche repentina. Corría sin aliento tras la mujer que tanto quiero. Las personas alrededor de mí se tornaron en lobos feroces que me devoraban una y otra vez con sus miradas. Mostraban sus colmillos con el mismo odio que yo les tenía. Corrí con un miedo que me abordaba en todo mí ser. Corrí hasta que ya no pude más. Todo se tornó negro, ya no había lobos, ya no corría, ya no veía. Desperté y me di cuenta. La extraño. Estoy solo.

lunes, 5 de abril de 2010

Una noche nublada...

Es curioso lo que uno puede llegar a sentir por una persona en tan poco tiempo. En la mañana, esa persona solo representa para ti una gran amistad pero conforme avanza el día, te das cuenta de que en la tarde quieres estar con ella y que no quieres que se haga de noche sin recibir un beso suyo. El tiempo transcurre indiscriminadamente y cuanto te das cuenta ya has perdido valiosos momentos que pudieron ser utilizados para llegar al corazón de la persona que quieres.
Las nubes cubrían aquel cielo estrellado que deseábamos ver. Hoy no me toca hablar de mi niña, sino de una persona real a la cual admiro y quiero mucho. Bajo la luna he aprendido como se siente un mero espectador al observar una bella obra de arte a la que no se puede acercar. Sentados en una terraza, sentados a la luz escondida de las estrellas, he sentido una barrera que me separaba de aquella persona. Mis sentimientos hacia ella parecían confusos al principio. Ahora me queda claro que quiero estar a su lado y que derribaría cualquier muralla para estarlo.
Por ahí se dice que estar solo no es que no haya gente, sino que estando rodeado de personas, te falte aquella a quien quieres y consideras especial. Sin embargo, qué significa que estando sin nada de gente y solo esté aquella persona con la que quieres estar, aun así te sientas sólo. Muchas personas menosprecian el valor del silencio y de la soledad. Sin embargo, estando un momento a solas con ella, he sentido que el silencio dice mil palabras y que la soledad se ha envuelto en un mercado de sentimientos. Sentados debajo de las nubes yo solo pedía un poco de lluvia para asemejarse a un sueño que tuve anteriormente.

Estábamos en una iglesia junto con los demás miembros escuchando atentamente a la predicación. Acabando el culto habría un convivio con los miembros de la iglesia arriba, en el salón social. Tras acabar el sermón, todos empezaron a salir por una puerta corrediza de vidrio hacia el salón social. Yo me adelanté y me puse en la puerta central de la iglesia esperando verla para poder decirle algo. Mucha gente salió amontonándose y entre todos ellos pude distinguir a la persona que buscaba. La tomé de la mano y la saqué de la multitud. Le dije que tenía que decirle algo, que si tenía tiempo. Respondió que tenía que subir al salón social para hacer algo, pero que me escucharía atentamente. No recuerdo que llevábamos puesto pero la iglesia venía de blanco en su mayoría. Caminamos el pequeño tramo desde que la tomé hasta afuera de la puerta principal de la iglesia. No nos vimos en esos eternos segundos, pero nuestras manos estaban entrelazadas como un candado que se niega a abrir. Nos pusimos del lado derecho de la entrada del templo y ella se colocó delante de mí. En esos momentos una ligera lluvia empezó a caer sobre nuestros hombros. La lluvia poco a poco se fue intensificando hasta convertirse en un aguacero que terminó empapándonos a los dos. No le di importancia a la lluvia pues estaba con la persona que quería estar y eso me importaba más que una camisa mojada.
La veía directamente a los ojos empapados, su pelo estaba caído por el peso del ligero aguacero. Le recogí el pelo poniéndoselo detrás de la oreja para descubrir su hermoso rostro. La tomé de la nuca y la acerqué a mi cara. Tiempo atrás, ella y yo nos habíamos dicho lo que sentíamos el uno por el otro. Yo le dije que la quería como algo más que una amiga y que quería ser de ella eso que yo mencionaba. Seguía agarrando su nuca, se veía tan bella y la poca luz que había, resplandecía en las pequeñas gotas de agua que recorrían su delicada mejilla. Le dije que ya ambos habíamos dicho nuestros sentimientos y que me gustaría tener una relación con ella. Ella solo sonrió y volteó su mirada apenada por las tenues palabras. No respondió nada y sabía que el tiempo que nos quedaba se acortaba. De la nada, me recorrió un impulso y me abalancé a sus labios como una ligera brisa toca las flores de un campo primaveral. Nuestros labios chocaron en una ligera fricción corporal y en un alboroto sin fin de sentimientos. Nos despegamos casi inmediatamente para el tiempo, pero para mí, las gotas de lluvia se congelaron en el espacio y solo existíamos ella y yo, nuestros cuerpos y nuestras almas danzaban en un baile sin movimiento. Nuestras miradas chocaron como dos seres que en su intento de no encontrarse, su encuentro se vuelve especial y vergonzoso. Lo próximo que recuerdo es el oír de las gotas chocar contra la calle vacía de enfrente de la iglesia y el ver una hermosa sonrisa tras el inesperado encuentro.
Nuestros labios ya se habían separado pero aún quedaba la sensación del pequeño rose que había detenido nuestros mundos por un instante. Antes de que pudiera mencionar una palabra ella dijo que tenía que retirarse. Sabía a donde iba y lo que tenía que hacer así que le dije que estaba bien. No fui inmediatamente tras ella. Caminé al salón social por la puerta a un costado y me acomodé entre todos los miembros que estaban ahí reunidos. Me coloqué enfrente de una barda al fondo del salón social. De pronto la veo entrar por la puerta principal del lugar y desde lejos me le quedé mirando con un sentimiento de paz y alegría. Gracias…Niche.


 
Quédense atrás... - Blogger Templates, - by Templates para novo blogger Displayed on lasik Singapore eye clinic.