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jueves, 7 de junio de 2012

Tras la espesa noche...


Tras la espesa noche me encuentro
entre una selva de troncos castaños
Perdido entre la fragancia de la luna.
Abriendo pétalos al compás de mí andar.

Camino oculto, desenredando esencias furtivas.
Busco en el sendero, un oasis oculto.
Largo recorrido que hay que hacer,
bajar tras las montañas, hasta la llanura del ser.

Tras la selva nocturna, dos lagunas se asoman.
Bello reflejo de la luna en las aguas cristalinas.
Beldad concebida en dos lágrimas del cielo.
Fea imagen reflejada en dos eternos espejos.

Bajas de las lagunas a dos cavernas benditas.
Hermosas madrigueras de la vida continúa.
¡Cuántos seres no se han de postrar!
¡Cuántos no han de hallar en ti refugio!

Tras recobrar fuerzas a proseguir me aviento.
Fugaz geiser el que me encuentro, cuyas aguas vida acarrean.
Aliento efímero que me inspira,
llanto eterno por fundirme entre tus grutas.

Partir del geiser debo, pues prohibido por el cielo me ha sido.
Camino errante entre el olvido, bajando la suave pendiente.
Me dirijo en un camino sin mucho desvío.
Veo en el horizonte, asomarse el sol entre las dos montañas.

Corro con locura a los pies de tan bellas elevaciones,
creadas por la mano divina, esperando a ser conquistadas.
En medio de un desierto se erigen, como dos bellos monumentos
Suave terreno por el que ando, detrás el cansancio ha quedado.

Hundo mis pies en las montañas, no quiero perder el rastro.
Camino con cautela y temor, pues no quiero causar aquel castigo previsto.
Como caballero a su doncella, llego a la cima a contemplar el abismo.
Tomo del agua de las fuentes de la juventud.

Largo desierto el que me espera, a llegar a mi objetivo.
Bajo las montañas con una nostalgia indescriptible,
miedo de separarme de la belleza esculpida.
Ando errante en el sendero de pasiones discretas.

Tras caminar un poco, a mis pies se muestra el pozo.
Marca divina donde algún día hubo vida.
Trasporte creado, de esencias indispensables.
Huella de un antecesor, cuya creación es exaltada.

A lo lejos se divisa el oasis, bella marca, distinción abnegada.
Suave caudal de deseos y pasiones, donde anidan todas las emociones.
Apresuro mi paso, erguido y sin desdén.
Fundirme entre sus aguas es mi ardiente deseo.

Sed inquebrantable, al fin a hallado su descanso.
Aligero la carga y me pierdo entre sus paredes.
Descanso a la orilla del mar, esperando a la musa de mis sueños.
En cuanto salga, preciosa como el olvido, un solo ser habremos de ser.

Cuán imagen divina, la dama del lago se postra ante mi
Camino sobre sus aguas, hasta tocar su tersa piel.
Abrazados en un sueño eterno, comenzamos a perdernos.
Me adentro entre sus aguas, adiós oasis perdido, hoy has sido mio.

viernes, 17 de febrero de 2012

Quizás...


Quizás las flores perecerán,
pero mi amor por ti perdurará.
El rocío de la primavera
alimentará los botones de esperanza.

Quizás me quede sin palabras,
pero el silencio será mi oda a tu corazón.
La musa del río fluye de la roca
al socorro del bosque incendiado.

Quizás el tiempo y la distancia separen nuestros cuerpos,
pero ni el océano mas grande apartara nuestras almas.
La pobre oruga huye arrastrándose entre las hojas
de la parvada enemiga, esperando el futuro prometido.

Quizás las imágenes falten,
pero nuestros recuerdos nos nutrirán.
La luna se refleja en el lago cristalino,
escarcha de plata cayendo del cielo.

Te has vuelto mi poesía,
mis versos ya no me pertenecen.
Tu sonrisa se ha robado mi aliento.
Cantaré día y noche a tu amor bella niña.

jueves, 2 de febrero de 2012

Mirando las estrellas...


Mirando las estrellas en el cielo
hoy he recordado
la belleza de tu sonrisa
incrustada en mis labios.

Perlas carmesí del dulce océano.
Mil leguas por venir, perdidas lágrimas.
Un bote a la deriva,
cuya sirena el camino guía.

Un pequeño clavel rojo se asoma
intentando capturar el rocío nocturno.
Espera diligente la mañana
en que su sol vuelva a sus pétalos nutrir.

Mis palabras fluyen en el viento.
Suaves caricias viajando en la brisa.
No llores mi hermosa musa,
pronto el tiempo te las hará llegar.

El amor por una cristalina rosa
dejada en un planeta distante
para ser cuidada por el sol.
Mi caja roja he dejado por ti.
Todas las noches su música te ha de arrullar.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Un nuevo amanecer...



Un nuevo amanecer ha llegado.
Entre el letargo del río
la montaña descubre su tesoro,
aquel sol robado emerge taciturno.

Cuan alumbrado se ve el valle.
Las sombras desaparecen entre escombros.
Buscan refugio de su pesado tormento
pues la esperanza les visita de nuevo.

La mariposa regresa a su aposento
sobre la sangre amarga de su reencuentro.
En el piso yacen los recuerdos
del desechado cascarón roto.

Te amo y te vuelvo a ver.
Aquella sonrisa anhelada
el viento la ha traído a mi ser.
Tiernos labios cerrados ante el resplandor.

Yacen entre los dedos manantiales
de lágrimas que fluyen sin cesar.
Un nuevo comienzo aflora.
Aquella musa rendida ya no llora. 



jueves, 10 de noviembre de 2011

Una pequeña niña...




Una pequeña niña llora
en el aposento de la espada perdida.
El agua fluye taciturna
bajo los pies del moribundo árbol.

El caballero se ha perdido
entre las llamas de un infierno escondido
El amor profesado calla
por el temor de un futuro indistinto.

El alma errante vaga vendada.
Busca algo que no ve,
pero que su corazon encuentra.
El amor pasado que se ha vendido.

La damisela llora en su cárcel.
No hay quién la escuche
y el valiente no llega.
Teme a su destino, sin ser llamado.

Los dedos rozan el éxtasis prohibido.
Los labios se congelan en el tiempo.
Las miradas se cruzan con la lágrima corrida.
Dos almas perdidas, temerosas del amor.



martes, 3 de agosto de 2010

El toque de un ángel...

La lluvia sigue cayendo desde hace unos días. Me encuentro parado solo en medio de una calle vacía. Escucho el incesante sonido de las gotas golpear el desolado suelo. Volteo para todas partes, pero no alcanzo a ver más que las gotas oscuras que empañan mis ojos. Siento en mis pies descalzos la rápida corriente de agua recorrer la solitaria calle. Espero a que algo suceda. Extiendo mi brazo derecho enfrente de mí esperando alcanzar algo. Intento abrir mis ojos para lograr ver más allá de la cortina de lluvia. Despejo mis párpados con mi mano izquierda y veo una extraña figura blanca. Un súbito destello aparece delante de mí. ¿Quién es? ¿Qué alma errante se postraría ante mí estando solo? No puedo caminar hacia aquella figura. Estoy paralizado de la cabeza a los pies. Mi brazo derecho sigue extendido en su dirección. El destello se hace más grande, pero no logro reconocer aquella figura. Una tenue pero pesada cortina de lluvia me impiden ver aquel curioso contorno. Abro mis ojos más allá de lo posible, no pestañeo por el temor a que la figura desaparezca y nunca más la vuelva a ver. A pesar de ser desconocida para mí, aquel resplandor blanco me llena de paz. Un súbito destello aleja las gotas de mis ojos y me permite observar y capturar la bella imagen de la figura. El tiempo se congela en un pavor espeluznante por saber quién es. Se aclara todo y me doy cuenta. Es ella. Es aquella figura que ha paralizado mis días. Aquella figura en donde el pasado y el futuro han desaparecido. Aquella figura que no he podido dejar de observar por miedo a que desaparezca. Aquella figura que ha donde quiera que vaya ha estado conmigo. Aquella figura que ha alejado mis temores y me ha dejado solo en el sentimiento de acercarme a ella. Es una figura angelical. Es el ángel de mis sueños. Es el ángel de mi realidad. Es el ángel que quiero alcanzar.
No quiero pestañear por temor a que desaparezca tan hermoso ángel. Tiene sus alas extendidas para protegernos. Sus ojos me miran constantemente. La espesa lluvia hace que su castaño cabello caiga pesadamente sobre sus hombros descubriendo su bello rostro. Sus ropas aparecen blancas como la nieve en una pureza efímera sin mancharse por la sucia lluvia que cae. Entre el largo tiempo que observo inmóvil aquel ángel hermoso, su brazo derecho se extiende enfrente de mí. Su delicada figura apunta hacia mí. Ambos permanecemos congelados por el instante. El agua sigue recorriendo nuestros cuerpos incesantemente. Queríamos acercarnos en un movimiento definitivo. Con mi mirada fija en su figura, ella hace un gesto con su boca. El ángel despliega una sonrisa de par en par en su blanco rostro. Un radiante destello sale de su bella sonrisa opacando la blancura de su vestimenta. El ángel me sonríe. Una inmensa alegría recorre mi ser. Entre las dulces gotas provenientes del oscuro cielo se siente una pequeña gota salada recorrer mi mejilla. Indudablemente es ella, mi ángel. Aquella figura de la cual me he enamorado. Me siento inútil por no poder moverme ante tal hermosura. No puedo ni hablarle. Dos figuras con una historia sin escribirse y por contarse permanecen mirándose eternamente en una calle vacía. Escuchan el pesado golpeteo de las gotas caer al suelo. Mantienen fijas sus miradas en el rostro opuesto. Dos figuras desconocidas permanecen congeladas en el tiempo en un eterno esperar. Un bello ángel con un brazo extendido postrado delante de él y un cobarde que no se puede acercar. El inicio de una historia que está por escribirse. Dos figuras errantes en una calle vacía, un hermoso ángel y su cobarde amante.
¿Quién es ese ángel? Eres tu Niche. Te conozco. Eres el ángel de mis noches. Eres el ángel que se ha metido a mi mente y no me ha dejado en paz desde aquel hermoso día en el que te conocí. Eres el ángel que guarda mi camino. Eres el ángel de mis pensamientos más profundos y efímeros. Eres el ángel que ha controlado mi tiempo. El pasar de los días contigo se ha convertido en un eterno esperar para volver a ver tus preciosas alas. Eres el ángel que se ha robado mis sueños y los has convertido en nuestros. Eres el ángel que he querido abrazar y besar desde que me enamoré de ti. Eres el ángel de mi inspiración para escribir historias irreales. Eres el ángel que ha sacado lo mejor y lo peor de mí. Eres el ángel que me ha acobardado por tu bello resplandor. Eres el ángel de mis alegrías y de mis tristezas. Has puesto en mí una sonrisa de par en par por tu toque. Me has hecho llorar de soledad por tu inexistente partida. Me has hecho reír por tu remarcable presencia. Eres el ángel que ha penetrado por mis puertas a mi alma. Eres el ángel que ha entrado a mi corazón y lo has cubierto en una blancura resplandeciente por tus blancas alas. Eres un ángel desconocido para mí, pero daría mis segundos por volver a estar contigo. En este instante, debajo de la lluvia, inmóvil ante tu presencia, parado sobre la fría y solitaria calle delante de ti, tú lo eres todo para mí.
Sigo parado enfrente de aquella hermosa figura, mi ángel. Un sin fin de pensamientos inundan mi mente, pero mi boca sigue cerrada. Me siento inútil porque estando tan cerca de ella no puedo decirle lo mucho que la quiero. Por mucho tiempo la he estado buscando y ahora ella se encuentra con su brazo extendido a unos cuantos metros delante de mí. Día tras día, noche tras noche, ese ángel me ha perseguido en mis pensamientos y en mis sueños. De día permanece como una imagen constante siempre a mi lado. Me permite voltear a verla y seguir adelante. No me ha dejado en paz desde que me enamoré de ella, pero no quiero que lo haga pues ha inundado de alegrías mis tristezas. De noche aparece delante de mí tan blanca y resplandeciente como yo siempre la he recordado. Se encuentra parada a un lado de mi cama con sus alas extendidas para cuidarme. En mis sueños ella aparece continuamente, iluminando mis pesadillas y convirtiendo mis sueños en mi realidad. Sigo sintiendo las gotas deslizarse por mi piel. Sigo viendo a mi hermoso ángel mojarse por la pesada lluvia. Un repentino cansancio me hace cerrar los ojos. No quiero. Tengo miedo a que desaparezca en mi pestañeo. El tiempo se congela y con los ojos cerrados viene a mi mente un sueño hermoso. ¿Quién está ahí? Es ella.
La música se escucha en el fondo. La luna resplandece entrando por el balcón del salón. Todo parece crear un ambiente perfecto para nuestro encuentro. Estoy sentado solo en una mesa para diez personas al fondo del salón. Bebo incesantemente la copa de vino que me han dejado enfrente mientras espero a que ella llegue. En mi espera, veo a un sin fin de personas pasar delante de mi mesa, pero ninguna es ella. En el fondo suena una tenue música melancólica que me hunde en mis propios pensamientos. La había visto en la tarde previa a la reunión pero me he adelantado y he llegado antes que ella al salón. Traía ropa blanca. Se veía preciosa. Resplandecía entre todos los presentes. Parecía un ángel congelado en el tiempo. No había tenido el coraje para saludarla, pero sabía que ella vendría y que aquí tendría otra oportunidad para estar con ella. Sigo aguardando sentado en la solitaria mesa. Volteo y fijo mi mirada hacia la decorada puerta blanca esperando a que ella llegue.
El salón se empieza a llenar más y más, pero ella sigue sin estar aquí. La música sigue sonando, ya no tiene un ritmo melancólico pero la soledad en la que me encuentro convierte cada sonido en un nostálgico recuerdo de ella. Una pequeña curiosidad me hace voltear a la pista de baile. Muchas personas se encuentran en el centro bailando en parejas al ritmo de un vals sin letra. Todos están con la persona que quieren o al menos eso parece, todos excepto yo. Me encuentro solo, esperando a que un ángel ilumine mi oscuro salón. Volteo de nuevo hacia la puerta. Ésta se encuentra abierta. Busco desesperadamente alrededor de mí para intentar encontrarla. Doy mil vueltas por todo el salón con mi cabeza, pero no logro divisarla por ningún lado. Todas las personas se congelan, el tiempo se detiene y me ahogo en una inmensa desesperación buscando a aquella persona que quiero encontrar. Regreso mi mirada a la puerta con la ilusión de que ella no haya sido la que entrara. Los minutos pasaron y nadie más volvió a cruzar por la entrada. De pronto alguien se acercó a aquellas decoradas puertas de blanco y las cerró. Tras haber perdido toda esperanza de encontrarla, dirigí mi mirada a la ya vacía copa. La sostengo con mi mano derecha y la acerco a mi boca seca para sorber la última gota de vino que queda. La levanto viendo en dirección a las puertas del balcón. Se encuentran cerradas. Habiendo saciado mi sed, bajo lentamente la copa descubriendo el comienzo de las puertas. Una pequeña sensación de ilusión me inundó al ver que las puertas se encontraban abiertas. Un pequeño rayo de luz proveniente de la luna llena entra por aquellas puertas. La luna parecía ser la invitada de honor de esta reunión. Terminé de bajar la copa a la mesa y perdí mi mirada entre la inmensidad de la noche. En mi inconsciencia, un suave resplandor cegó mi vista desde el exterior. Parada, recargada en el barandal de concreto en el balcón, se encuentra mi ángel.
Estoy sentado solo en una mesa deshabitada. La copa de vino se encuentra vacía. La música sigue sonando y las parejas siguen juntas sin ganas de separarse. Sin embargo, todo esto carece de importancia al contemplar aquel blanco resplandor que ha venido a iluminar mi oscura noche. Ella se encuentra afuera en el balcón. Un impulso recorrió mi cuerpo. Me hizo levantarme de mi silla sin pensarlo. El tiempo sigue congelado. Las personas siguen bailando sin moverse un vals silencioso. El oscuro salón se ha inundado del hermoso color blanco de sus alas. Camino lentamente hacia ella. Veo su espalda. Sus brazos están recargados en el barandal de concreto. Siento pánico a cada pisada que doy para acercarme a ella. Siento heladas gotas de sudor recorrer mi piel erizada por el nerviosismo de abrazarla. No cuento los pasos que doy para estar frente a ella, pero los segundos se me hacen eternos. Esquivo las mesas que están entre ella y yo. Me acerco poco a poco a su bello resplandor. Me paro debajo del marco de las puertas corredizas de cristal. Me quedo contemplando su contorno por un largo rato. Me encuentro detrás de ella, inmóvil por el temor de verla cara a cara. Me acerco lentamente hacia el barandal del balcón. Estamos solos debajo de una hermosa luna blanca en medio de una noche sin nubes. Me emparejo a su lado derecho y recargo mis brazos sobre el barandal. Volteo a verla con una sonrisa. Ella está llorando. Me quedo sin palabras. No sé porque está así. Despego sus brazos del barandal suavemente con mis manos. Ella mantiene su rostro agachado, con lágrimas recorriendo sus ruborizadas mejillas. No se escucha ningún sonido. Todo se encuentra en silencio excepto por el tenue canto de la luna y el estruendoso recorrido de las lágrimas al caer. La sujeto con ambas manos. No hay palabras. Sin pensarlo le doy un fuerte abrazo. Rodeo con mis brazos su delicada silueta. Siento sus largas alas pasar detrás de mi espalda. Siento su delicada cabeza reposar sobre mi hombro. Todo se ha paralizado por un bello ángel. Ni el pasado ni el futuro existen. Sólo existe este momento donde estamos ella y yo. Despegamos nuestros cuerpos un poco. Permanezco con los ojos cerrados. Lentamente comienzo a sentir como sus brazos se desvanecen. Un súbito temor me inunda. Abro los ojos rápidamente para ver que ha sucedido. Despierto de mi sueño. La veo justo delante de mí.
La lluvia sigue cayendo pesadamente sobre nuestros cuerpos. La calle en la que estamos continúa completamente vacía. Siguen las dos mismas almas errantes sobre el húmedo pavimento. Sin embargo, la escena ha cambiado. El ángel se ha acercado a mí. La distancia entre ella y yo se ha acortado. Los infinitos metros que me separaban de mi ángel se han convertido en escasos centímetros para poder rosar su suave piel. Aún no puedo moverme. Su cuerpo sigue en la misma posición. Su brazo derecho sigue extendido hacia mí. Mi mano derecha casi puede sentir su delicada mejilla. No nos movemos más allá. El tiempo sigue transcurriendo y ninguno de los dos hace algún movimiento. Nuestros ojos permanecen mirándose fijamente. Puedo ver adentro de ella. Me pierdo en sus cristalinos ojos cafés. Esos hermosos ojos que me han robado suspiros una y otra vez se encuentran delante de mí, observando mi cobardía. Sus hermosas alas continúan desplegadas de par en par para protegernos. Su ropa y sus plumas continúan mojadas por la incesante lluvia. Siento una frustración inmensa al no poder tocarla. Tengo a mi amada delante de mí y no puedo estar con ella. Su sorprendente blancura me ciega. Hago un esfuerzo constate para no cerrar mis ojos y seguir contemplando a mi ángel. Un repentino resplandor hace dejar de verla. Su bello y blanco resplandor me ha obligado a juntar mis párpados por un momento. Intento resistir para continuar observándola pero su luz no me lo permite. Antes ella se acercó a mí, pero no quiero que desaparezca. Quiero seguir observándola eternamente aunque no pueda estar con ella. Quiero seguir sintiendo su presencia aunque mi boca tenga sed de sus labios. Quiero seguir congelado delante de ella aunque no pueda tocarla. Quiero seguir viviendo delante de ella con la esperanza de que algún día la lluvia cese, que nuestros cuerpos ignoren el tiempo, que nuestras almas dejen de andar errantes y por fin se encuentren. Quiero vivir en la esperanza de que ella sea mi ángel por siempre y que pueda abrazarla eternamente.
Permanezco con los ojos cerrados, cegados por su hermoso resplandor. Una imagen viene a mi mente. Un sueño que tuve con ella hace no mucho tiempo. Nos encontrábamos en un parque rodeados de gente. La noche caía mientras el cielo se volvía cada vez más oscuro. Parecíamos dos niños chiquitos jugando a la luz de la luna. No había temores ni rencores. Corríamos en el verde pasto y nos colgábamos en el frío pasamanos de metal. Los niños corrían alrededor de nosotros mientras todo parecía congelado por su presencia. El silencio era abrumador y entre todos los sonidos, su voz resaltaba como el sonido de un faro en medio del basto mar. Las estrellas y la luna eran espectadoras de nuestro efímero encuentro. Las nubes parecían moverse al compás de nuestros pasos sobre el frío suelo. Ella y yo estábamos arriba de un viejo pasamano verde al centro del parque. Los minutos pasaban y el parque se quedaba cada vez más solo. La oscuridad de la noche se volvía más intensa. Sin embargo, para nosotros todo seguía congelado. Seguíamos estando juntos a la luz de la luna en un silencio encantador. Un súbito movimiento de ella rompió la tranquilidad en la que estábamos. Se bajó rápidamente y salió corriendo por un lado del pasamano rumbo a un callejón oscuro cercado por edificios. Casi inmediatamente después de ella me bajé y la seguí. Una persona desconocida para mí se encontraba cerca del juego de metal. Me preguntó para qué la seguía. Le respondí que iba tras ella para cuidarla. Apenas había dado unos pasos cuando ella entró por aquel oscuro callejón. Corrí lo más rápido que pude. Después de unos segundos entré al callejón. Di vuelta a la derecha apenas entrando. Las luces de los edificios no eran lo suficientemente fuertes para alumbrar el camino repleto de tinieblas. Di unos cuantos pasos más y giré a la izquierda. Al voltear en la esquina logré verla. Apresuré mi paso para estar a su lado lo antes posible. Me acerqué a ella rápida y cautelosamente. La toqué del hombro y ella volteó a verme. Me preguntó a qué había venido. Le respondí que la seguí para cuidarla. A pesar de la tenue luz que se asomaba por el callejón, podía contemplar su blancura completamente. De la cabeza a los pies podía observar lo bella que se veía delante de mí. Su presencia relucía en todo el callejón. Aun sin saber si había una salida, sentía una paz inmensa estando con ella. No importaba que camino íbamos a tomar, pues lo recorreríamos juntos. Me acerqué un poco más a ella y me quedé viendo fijamente a sus ojos. No me pude contener las ganas de rosar su suave piel, así que me abalancé sobre ella para abrazarla. Quería abrazarla para poder sentir su cuerpo cercano al mío. Quería sentir sus alas rodear mi cuerpo. Quería extender mis brazos hasta donde me fuera posible para cuidarla en todo momento. Con un abrazo quería que fuéramos uno y permaneciéramos así eternamente. Cerré mis ojos en el trayecto entre ella y yo. Abrí mis brazos completamente y rodeé aquella silueta blanca que se trazaba enfrente de mí. Los segundos se congelaron y el tiempo se volvió eterno para rodear aquel bello cuerpo angelical. Poco a poco me acercaba a ella pero al mismo tiempo sentía que su calor desaparecía. Acerqué mi rostro antes que mi cuerpo hasta rosar su bella mejilla. Un ligero toque fue todo lo que necesité para inundar mi ser en alegría y tristeza. Apenas rocé su suave piel y todo se empezó a desvanecer. Mis brazos hacían un círculo alrededor de alguien que ya no estaba. Abrazaba al viento en medio de un callejón oscuro y sin salida. Abrí mis ojos lentamente. Un pánico inmenso sacudió mi cuerpo. No quería abrir mis ojos por miedo a que ya no la volviera a ver. Quería imaginar que su hermosa sonrisa aun resplandecía delante de mí. Quería imaginar que aún estaba con ella. Terminé de abrir mis ojos y me di cuenta de la cruel realidad. Una lágrima se me escapó y recorrió mi mejilla. Sentí como se deslizaba lentamente por mi piel y la escuché caer al suelo. Estaba solo en medio de un callejón oscuro, atrapado por edificios altos y viejos con una tenue luz apuntando como reflector sobre mi pena. Me encontraba solo debajo de una luna escondida por las nubes en una fría noche. Después de un rato comenzó a llover. Fue entonces cuando recordé que estaba soñando. Desperté.
Sigo parado en medio de la calle con los ojos cerrados. Aquella lluvia de mis sueños no fue más que un reflejo de la realidad. Siguen cayendo las pesadas gotas de agua sobre mi cuerpo. Sigo con mi brazo extendido hacia adelante. Sigo inmóvil debajo de la oscuridad de la noche. Todo parece estar igual. Sin embargo, siento un inmenso terror revoloteando en mi mente. Parece que algo ha cambiado. Lentamente abro mis ojos. Lenta y dolorosamente empiezo a darme cuenta de que ella ya no está. Volteo mi mirada para todos los lados accesibles sin mover la cabeza. No hay ningún rastro de ella. Su bello resplandor se ha desvanecido entre la espesa cortina de agua. El abrazo vacío en mi sueño era su desaparición en la vida real. No la siento más alrededor de mí. Pongo una sonrisa de tristeza sobre mi mudo rostro. Comienzo a darme cuenta de que mi parálisis se ha ido y que puedo moverme de nuevo. Bajo mi brazo despacio. Abro completamente mis ojos sólo para observar la espesa lluvia. Observo la tenue luz de la luna reflejarse en las gotas de agua que caen al suelo. Pestañeo una y otra vez sin cesar con la esperanza de que ella vuelva a aparecer, pero no es así. Aquel ángel que se había estado acercando en mi inconsciencia, ahora ha desaparecido en un pestañeo.
Mis sentimientos hacia ella no han cambiado, sigo enamorado de ella, pero ya no hay nada más que se pueda hacer. Mi ángel no se encuentra más delante de mí, ha desaparecido. En mi cobardía dejé que se escapara una vez más. El temor de acercarme a ella me ha alejado del ser del cual me he enamorado. Mi felicidad se ha escapado junto con ella. Me he quedado solo en una calle vacía. Una cobarde alma errante en busca de su ángel. Inconscientemente esperaba que algo sucediese. Un momento que me llenara de esperanza y que me diera la ilusión de que estaría con ella. Un rayo de luz que rompiera entre las cerradas nubes de mi noche lluviosa. Un instante efímero que cambiara nuestra historia para siempre. Pero nada sucedió por mi indecisión. Ella se ha ido. Yo me encuentro solo. La lluvia sigue cayendo fuertemente. Sigo pestañeando con la ilusión de que vuelva. La extraño. Te extraño mi bella figura angelical. Nunca me olvidaré de ti. Te seguiré esperando eternamente debajo de estas nubes para que estemos juntos y hagas brillar tu hermoso sol en medio de mi oscura noche. Nos volveremos a ver mi precioso ángel y esta vez será para siempre.

sábado, 20 de marzo de 2010

La cima de mis sueños...

Era ya casi de noche cuando llegamos a la cima de la montaña. Había sido un camino largo y cansado. Mi amigo y yo nos detuvimos un poco para admirar el paisaje que nos daba la montaña de la antigua y bella ciudad. Se veían los edificios anaranjados por el ocaso del sol. Se empezaban a ver las luces de las calles y los carros encenderse para alumbrar la imagen de aquella ciudad.
Casi era de noche y mi amigo empezó a conversar conmigo. Me preguntó cómo íbamos a bajar, que ya era muy tarde y el descenso por la inmensa montaña podría resultar peligroso. Esa ansiedad provino de lo oscuro de la verdea y la presencia de animales salvajes en la misma. Le respondí que no sabía, que ya veríamos la forma de bajar.
Atrás de nosotros se encontraba una colima que tapaba la vista del panorama del paisaje de la montaña. Le sugerí a mi amigo pasar la colima por encima y dirigirnos a una estación unos pasos más adentro en el paisaje. Subimos la colima y en la cima todo el panorama cambió. El cielo dejó de estar oscuro y se tornó azul claro. Las nubes grisáceas que nos habían acompañado en la oscuridad se tornaron en blancas resplandecientes como la blancura de la nieve. El pasto que pisábamos tenía un color verde vivo. Mi amigo y yo sentíamos una felicidad inmensa al ver la belleza que nos rodeaba en el paisaje.
Al verlo todo no dudamos en lanzarnos boca abajo a abrazar la tierra en la que estábamos parados. Caímos agarrando el pasto verde que nos rodeaba. Dimos vuelta y sentimos lo suave de las hojas en nuestra cara. Al pararnos de pie seguimos nuestro camino a la estación. Después de unos pasos vimos un claro y apacible arroyo que cruzaba y complementaba aquel hermoso paisaje. Nos acercamos a él y empezamos a verlo detenidamente. El arroyo fluía tranquilamente. Tenía sus aguas tan claras que se podía ver el fondo sin ningún problema. Tenía una profundidad de metro y medio aproximadamente. Sentimos una extraña necesidad de beber de aquel deleitable arroyo, pero antes de hacerlo alguien nos detuvo.
Mientras contemplábamos la belleza del riachuelo vimos que se acercaban dos personas, una era mi mejor amiga, la otra una amiga de ella. Llegaron con nosotros y empezamos a platicar del arroyo. Mientras lo veíamos surgió la idea de beber de él. La primera en beber fue la amiga de mi mejor amiga. Se agachó y acerco su mano para recoger un poco de agua y llevársela a su boca. Dijo que el agua estaba deliciosa y que es el agua más buena que había probado en su vida. Yo fui el siguiente que iba a probarla, pero antes me puse a observar el arroyo de manera más atenta. Al otro lado había una tapa rosada junto al pasto adyacente al río. Decidí quitarla para evitar que contaminara aquella belleza tan perfecta. Acercando mi rostro para tomar agua me di cuenta de que un bicho curioso permanecía inmóvil a la mitad del arroyo. Era de color café, no sé si estaba muerto o vivo pero yacía parado, suspendido a la mitad de la profundidad del riachuelo. No me importó el bicho y sumergí mi mano derecha para sacar un poco de aquella agua. La bebí e inmediatamente me puse de pie. Al lado izquierdo mío había una pared como de escalar, sin darle mucha importancia proseguimos nuestro camino a la estación.
Caminamos los cuatro juntos contemplando el paisaje a nuestro alrededor hasta llegar a la estación. Al llegar tocamos la puerta mi amigo y yo mientras mi mejor amiga y su amiga esperaban atrás. Se abrió la puerta y salió un hombre como de treinta años de edad con una camisa a cuadros y un pantalón de mezclilla. Le preguntamos cómo podíamos bajar de la montaña de manera segura porque la noche oscurecía el camino. Salió un poco de la puerta y levantó una enorme roca con tanta facilidad que parecía que no pesaba nada y así era. Debajo de la piedra se encontraba un túnel que según él daba con el pie de la montaña. Volvió a la estación y cerró la puerta. Fuimos con nuestras dos amigas y les contamos la forma de salir.
Antes de dirigirnos al túnel, nuestras amigas nos hicieron una pregunta. Nos preguntaron dónde estaba el tesoro de estas tierras. Yo le respondí que todo a nuestro alrededor era un bello tesoro natural. Ellas me dijeron que tenía razón pero que debía haber algo más. Levanté la misma piedra que el señor levantó y la estrellé en contra de una pared cercana a la estación. La piedra se desmoronó en muchos pedazos grandes y en uno de ellos vi una pepita de oro. Mi mejor amiga me pidió por favor que le diera la pepita, así que se la di. Seguí rompiendo la piedra con mucha facilidad y encontré otra pepita de oro, la cual guardé en mi bolsillo derecho. Mi amigo me preguntó si había más pepitas, pero ya no pude sacar más.
Después de recoger la pepita regresamos a la estación y entramos a ella. Vimos al señor y le reclamamos por qué tenía todo ese oro oculto para él. Él respondió que era suyo. Yo le dije que lo denunciaríamos para que te quitaran el oro. Salió corriendo al paisaje y tomó otra de las piedras que contenían oro destapando así un segundo túnel. Volvió a entrar a la estación reclamando que el oro era suyo. La piedra había tomado forma de cabeza humana y la cargada abrazándola con ambos brazos. En el inter mi mejor amiga me preguntó si estaba bien lo que estábamos haciendo. Le respondí con otra pregunta, si estaba bien robar. Ella me respondió obvio que no, pero que mirara bien. Me dijo si estaba bien destruir el futuro que el señor había construido con el oro, arruinar su vida, solo por hacer lo correcto. Me quedé callado.
Salimos de la estación y nos dirigimos a la bajada. Destapamos una tercera roca que se encontraba cerca y descubrimos un nuevo túnel. Nos dejamos caer por el túnel, parecía como un resbaladero sin fin. Estaba oscuro y caíamos a gran velocidad. Después de un tiempo llegamos al pie de la montaña. Era un lugar oscuro y los cuatro nos miramos extrañados. Una voz sonó preguntando dónde estábamos. Respondí no sé, pero hemos llegado.

jueves, 9 de julio de 2009

Luna...

Sigue sonriendo luna,
deja que las estrellas iluminen tus labios,
dejate mostrar tu hermosura, que entre tenues nubes te escondes,
refleja tu mirada en mi charco,
y dale vida a esta agua estancada.

 
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