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domingo, 17 de junio de 2012

Hoy he cometido un error...




Hoy he cometido un error, 
uno de esos grandes, quizás irreparables.
He creído saberlo todo, 
mas al suelo he caído

Oh dulce condición humana,
te hace creer en la más honda sabiduría
Te ves en la cima, 
más en la sima yacen tus anhelos.

Hoy he creído que la vida es más
que el amor es diferente y que la pasión existe.
Cuán maldita la existencia del iluso
que por oscuro sendero sus pasos andan.

Oh pequeño corazón extraviado
eres merecedor de la piedad más grande.
Espera a que los demás te vean,
aguarda tus esperanzas, vive, respira.

Hoy he pensado que no hay pasión,
que la carne puede más que el alma.
Oh cuán errado no pude estar,
viendo en ti tal belleza, me embriago en pecados.

Oh suave tentación,
te aprovechas de la debilidad carnal.
Vienes como bella fragancia
y te vas como pestilencia moribunda.

Hoy he querido crecer, 
más la gravedad de mi pequeño mundo me atrajo.
Quise volar más allá de lo permitido
y una lágrima cayó desde el cielo, precipitándome.

Oh que hermosura de mar el que veo,
rojo carmesí, veo arrasadas mis deseos.
He decidido dejarlos ir, ser quien no soy,
cambiar de temporada, pues ella lo merece.

Hoy he decidido amarte como debe de ser,
sin deseos ni pasiones, adiós al cuerpo, te abrazo alma mía.
Deseo de ti todo tú ser, bailar sin tocarnos, unirnos,
volar por cielos sin surcar, como nubes, desvanecerse.

Oh bella musa, cuán equivocado había estado.
Hoy me has hecho ver mi error.
Más si culpable soy de esta tentación,
es por haber visto tan precioso redentor.

jueves, 7 de junio de 2012

Tras la espesa noche...


Tras la espesa noche me encuentro
entre una selva de troncos castaños
Perdido entre la fragancia de la luna.
Abriendo pétalos al compás de mí andar.

Camino oculto, desenredando esencias furtivas.
Busco en el sendero, un oasis oculto.
Largo recorrido que hay que hacer,
bajar tras las montañas, hasta la llanura del ser.

Tras la selva nocturna, dos lagunas se asoman.
Bello reflejo de la luna en las aguas cristalinas.
Beldad concebida en dos lágrimas del cielo.
Fea imagen reflejada en dos eternos espejos.

Bajas de las lagunas a dos cavernas benditas.
Hermosas madrigueras de la vida continúa.
¡Cuántos seres no se han de postrar!
¡Cuántos no han de hallar en ti refugio!

Tras recobrar fuerzas a proseguir me aviento.
Fugaz geiser el que me encuentro, cuyas aguas vida acarrean.
Aliento efímero que me inspira,
llanto eterno por fundirme entre tus grutas.

Partir del geiser debo, pues prohibido por el cielo me ha sido.
Camino errante entre el olvido, bajando la suave pendiente.
Me dirijo en un camino sin mucho desvío.
Veo en el horizonte, asomarse el sol entre las dos montañas.

Corro con locura a los pies de tan bellas elevaciones,
creadas por la mano divina, esperando a ser conquistadas.
En medio de un desierto se erigen, como dos bellos monumentos
Suave terreno por el que ando, detrás el cansancio ha quedado.

Hundo mis pies en las montañas, no quiero perder el rastro.
Camino con cautela y temor, pues no quiero causar aquel castigo previsto.
Como caballero a su doncella, llego a la cima a contemplar el abismo.
Tomo del agua de las fuentes de la juventud.

Largo desierto el que me espera, a llegar a mi objetivo.
Bajo las montañas con una nostalgia indescriptible,
miedo de separarme de la belleza esculpida.
Ando errante en el sendero de pasiones discretas.

Tras caminar un poco, a mis pies se muestra el pozo.
Marca divina donde algún día hubo vida.
Trasporte creado, de esencias indispensables.
Huella de un antecesor, cuya creación es exaltada.

A lo lejos se divisa el oasis, bella marca, distinción abnegada.
Suave caudal de deseos y pasiones, donde anidan todas las emociones.
Apresuro mi paso, erguido y sin desdén.
Fundirme entre sus aguas es mi ardiente deseo.

Sed inquebrantable, al fin a hallado su descanso.
Aligero la carga y me pierdo entre sus paredes.
Descanso a la orilla del mar, esperando a la musa de mis sueños.
En cuanto salga, preciosa como el olvido, un solo ser habremos de ser.

Cuán imagen divina, la dama del lago se postra ante mi
Camino sobre sus aguas, hasta tocar su tersa piel.
Abrazados en un sueño eterno, comenzamos a perdernos.
Me adentro entre sus aguas, adiós oasis perdido, hoy has sido mio.

lunes, 19 de marzo de 2012

Esperas...


Esperas una respuesta.
La noche agobia las ideas.
Ahogado en la duda,
el niño llora en su letargo.

Felicidad efímera llegó.
Quizás a fuerzas,
sin pedir perdón.
Pobre de ti, bosque maldito.

Sueño tras noche lloraste.
Tus hojas partieron el suelo.
Rogaste a la luna plateada
hasta jurarle tu sangre regar.

Estúpida criatura en llamas.
Aferrado a la perdición,
entre sombríos caminos
y aun con tus ramas a ciegas andas.

Los animales te carcomen.
Miles de burlas te rodean.
Orgulloso monstro del invierno.
Aun tu última batalla libras.

Tiende tu mano,
alza tu mirada.
Ve al cielo nublado,
ruega por tu salvación.

El fuego te consume,
a tientas lloras.
El viento te arranca
la mano que te sostiene.

Huye, corre sin esperanza.
Se olvida que no puedes.
Clavado a tu obstinación.
Cae sin siquiera moverte.

Sé que no partirás,
pues tu corazón llega a más.
Pero me apiado de ti,
porque desde hoy sufrirás.

jueves, 26 de enero de 2012

Primer mes...

Hoy no les traigo poema mis estimados lectores y por ello les pido una gran disculpa. Sin embargo no por eso hoy no compartiré mis pensamientos hacia ustedes. Quiero aprovechar hoy, jueves 26, para compartirles la alegría que me llena. Hoy mi novia y yo cumplimos un mes de ser pareja. Sé que para algunos puede parecer poco tiempo, pero no por eso deja ser algo que me pone muy feliz.

Hoy no intentaré hacer rimar mis palabras, ni construir metáforas forzadas para ocultar mis sentimientos. Hoy quiero gritarle al mundo abierto cuanto quiero a mi novia y que mejor que publicándolo en mi blog. Por cuestiones personales no pondré nombres ni imágenes, pero si me pidieran una foto mía de este momento diría que tengo una sonrisa de par en par al recordar el bello día en el que todo empezó.  También les diría que aun me tiemblan las manos al pensar en el nerviosismo que recorría mi cuerpo en aquel instante. Entre muchos otros detalles que pasan por mi mente en este segundo.

No mencionaré nombres, pero lo que sigue se lo dedico a ella. Muchas gracias por estar conmigo hasta este momento. Sé que el tiempo a distancia ha sido más grande que el tiempo que estuvimos juntos, pero mi corazón nunca te abandonó, ni te abandonará. Atrás he dejado mi corazón, en tus manos, puesto que te pertenece y me he traído mis pensamientos para enlazarnos todas las noches bajo un mismo cielo. No me limitaré a decirte cuanto es mi amor por ti, pero si me pidieras una ilustración, sería como la asíntota de una gráfica. Tal vez te preguntes por qué lo pongo en el blog y la respuesta es sencilla. No me apena gritarle a los cuatro vientos que eres mi novia y que pienso en ti a cada momento.

Sé que es poco el tiempo que hemos de llamar noviazgo, pero te conozco desde años atrás. Eres una gran parte de mi y le doy gracias a Dios por la bendición de tener tan grandiosa compañía en este arduo camino que llamamos vida. Tal vez no pueda estar contigo para darte un beso, un abrazo o un regalo que capture la esencia de este día. Pero no por eso no dejo de pensar en ti y te echo de menos.

Añoro el momento en que nos volvamos a ver y que podamos ser felices juntos. Disfrutar de una larga caminata tomados de la mano bajo la brisa de la primavera. Ver una película abrazados sin mirar al reloj y atesorar cada momento que pasemos juntos. Bailar un vals sin sonido al compas del latir de nuestros corazones bajo el cielo estrellado y su luna. Te extraño y a cada instante pienso en ti, esperando el momento y el lugar en el que nos vayamos a rencontrar.

Hoy les vengo a dejar mis palabras, que si bien pueden ver, carecen de estructura y rima. Sin embargo escribo a como me dicta el corazón, que torpemente esta enlazado con mis manos, puesto que no puedo expresar la gran cantidad de sentimientos que tengo hacia ella. Pero tal vez sea lo mejor. Quizás luego se cansarían mis dedos pues derramar mis emociones por ella en un papel no tendría fin.

Mi amor, mi vida, mi cielo y mi corazón, te doy las gracias por estar conmigo. Te deseo lo mejor en esta vida. Que este día sea solo el principio de muchos más a tu lado. Te dejo mis pensamientos y mis palabras para abrigarte en las frías noches de diciembre. Le pido al sol que te despierte cálidamente y que sus rayos se asemejen a mis brazos dándole la bienvenida a un nuevo amanecer. No importa que tan lejos estemos, si nuestro amor permanece junto. Hoy te dejo estas palabras y termino aquí esta dedicatoria. Pero sigo volando contigo bajo nuestros sueños que noche tras noche construimos juntos. ¡Feliz primer mes!

jueves, 29 de diciembre de 2011

Un nuevo amanecer...



Un nuevo amanecer ha llegado.
Entre el letargo del río
la montaña descubre su tesoro,
aquel sol robado emerge taciturno.

Cuan alumbrado se ve el valle.
Las sombras desaparecen entre escombros.
Buscan refugio de su pesado tormento
pues la esperanza les visita de nuevo.

La mariposa regresa a su aposento
sobre la sangre amarga de su reencuentro.
En el piso yacen los recuerdos
del desechado cascarón roto.

Te amo y te vuelvo a ver.
Aquella sonrisa anhelada
el viento la ha traído a mi ser.
Tiernos labios cerrados ante el resplandor.

Yacen entre los dedos manantiales
de lágrimas que fluyen sin cesar.
Un nuevo comienzo aflora.
Aquella musa rendida ya no llora. 



jueves, 1 de diciembre de 2011

Hoy contemplo...



Hoy contemplo la noche
reflejada en un espejo carmesí.
Las gotas recorren el camino
buscando la tristeza sin fin.

La pequeña hoja cae
del árbol cuya ilusión anidó.
El fantasma vuelve su oído
al bello canto de su asesino.

Cuán hermosa piel blanca,
ojos de abismo, ser perfecto.
Ondas castañas caídas
sobre el monumento al amor.

Cuál amor ha sufrido
por caer del precipicio vivo.
Grandes perlas le observan
el sendero de un ebrio perdido.

Embriaguez del perfume.
Pétalos adornando el trayecto
a unos labios eternos
dueños del sueño del amante.

“Vuelve a mi alma perdida”
pronuncian aquella boca sedienta
de un deseo callado
dentro de la tumba del elixir escondido.

Cuán cerrada aquella fuente,
magnificente centro del mundo.
Vertiente del recuerdo
del diminuto difunto.

Cuánto anhela el viento
acariciar la suave piel de veneno.
Estiran las ramas los árboles
buscando las enredaderas del huerto.

Jardín puro y fragante
cuyo secreto guarda ferviente.
Dí qué es lo que esperas
para que pueda yo darte.

Niego con acciones.
Incurriendo mis pasiones.
Cuanto yo te amo.
He de segur insinuando.
El momento estaré esperando.


jueves, 24 de noviembre de 2011

Con una rosa...


Con una rosa arribó
aquel deseo carnal, un sentimiento
de un hombre solitario
hacia su pequeña musa.

Otoño, invierno y primavera pasaron,
más el verano fue el que trajo
aquella desgracia al corazón
de aquel amante ilusionado.

Detrás de un buró escondido
se encuentra un niño
buscando un rayo de esperanza
a través del cristal caído.

Una noche, bella luna resplandeciente.
Palabras tendidas cono ángeles.
Nadie las busca, nadie las espera.
La verdad tiene un precio que se debe pagar.

El viento sopla en contra del destino.
El amor abre la rendija del sueño.
Aquel anhelo y deseo convertido
en una nueva esperanza.

La musa suena en las paredes.
La niña llora.
Sed de amor proclama
entre las rejas de su cuna.

Una nueva ilusión aflora en el rincón.
¿O será la realidad extinta?
Viva la llama que el beso ha dado.
Amor que ha llegado.

La bienvenida ha sido dada.
En la pequeña casa roja en llamas.
Un llanto de alegría ahogado en dolor
se escucha resonar entre las colinas.

Una vez más las piezas se unen.
Un rompecabezas olvidado.
Reconstruido por la valentía
de la princesa dormida.

Te estaba esperando amor
¿Dónde has estado?
Que sin ti me he desolado.
Toma mi mano y estate a mi lado.



sábado, 19 de noviembre de 2011

Detrás del monte...


Detrás del monte se encuentra
aquel bosque y lago
de un pasado escondido
donde los cisnes nadan al viento.

Los árboles aun arden
por su musa perdida.
Los animales aun lloran la partida
de su antigua vida.

Un deseo, una ilusión surcan el aire.
Danzan, se mueven sobre los seres.
El dulce viento camina
entre las cenizas  de su viejo sendero.

En el fonda su escucha un crujido.
Una esperanza nueva brota
entre los escombros de cristal
caídos desde las ultimas cataratas.

Antigua destrucción que el ardor ha dejado.
Un año pasado atrae los sueños.
Un arbusto enseña su rostro a la luz.
Esperando oír una vez más a su musa cantar.



jueves, 3 de noviembre de 2011

La oruga...


La oruga pierde su razón,
yaciente en su letargo.
Espera el consumo de su vida,
un significado que le permita vivir.

Maldita muerte riendo,
asechas a tu victima.
Cual esperanza podrida
le han dejado al que olvida.

Pájaro inútil de alas rotas.
¿Por qué no hablas?
Cobarde eres de nacimiento,
consumir quieres su lamento.

Coraje que recién ha muerto.
Una nueva vida, un nuevo camino.
El viento impide el vuelo
del fantasma de la mariposa.

Las filosas hojas del árbol
intentan cortar el hilo rojo.
Podrido andar de la fallecida alma.
Sal, huye, no dejes que te tome.

La belleza sin nacer llora
el asesinato de su portador.
En el suelo yace un cascarón
derramando sangre de dolor.



jueves, 27 de octubre de 2011

Te desprecian mundo...


Te desprecian mundo.
Masas viviendo un camino
sin rumbo alguno.
Los fantasmas lloran en la noche.

Haces todo tan complicado.
Tus raíces brotan
Haciendo tropezar al honesto.
Tu figura carece de valor.

Ya no tiene sentido.
No vale la pena caminar sobre ti.
Después de todo,
golpeas al andante.

El temor navega en tus brazos.
Miedo a no ser diferente.
Miedo a pertenecerte.
Aléjate, que la luz quiere brillar.

Tus ríos se han vuelto lágrimas.
En el mar desembocan las esperanzas.
Tu Sol evapora los ideales
descubriendo un esqueleto muriendo.



jueves, 22 de septiembre de 2011

Bendito demonio...


Bendito demonio herido
surcando las paredes
de un futuro pasado.
Di, ¿Qué es lo que buscas?

Una mujer grita.
La cama aparece vacía.
El bebé llora su ausencia.
La vida se pierde.

Bendito demonio consumido.
Vidas indiferentes deambulan
tus aposentos buscándote.
Te escondes devorando sueños.

Calma pequeño niño,
en la noche la luna te abrazará.
El llanto mecido en los brazos
de una soledad escondida.

Bendito demonio olvidado,
perseguido por hombres insensatos.
El miedo se esconde en una esquina.
Huyes tras las lágrimas de la esperanza.



domingo, 10 de julio de 2011

Carta de amor...

Hoy mi blog cumple 2 años de estar compartiendo un poco de mi mundo. Junto con estos años has venido a visitarme, te agradezco mucho por haberlo hecho y por formar parte de este suceso. Pronto seguiré compartiendo mis ideas y mis sueños por medio de la literatura, así como otras cosas para tener una idea más general de mí. Sin embargo, en esta conmemoración les quiero dejar una carta de amor. No fue escrita por mí, le pertenece a la película "Waiting for Forever". Para los que no la hayan visto, se la recomiendo. Me tomé la libertad de traducirla al español, espero les guste.

Querida Emma,

Esas dos palabras “Querida Emma” me llevan lejos a otro tiempo en el que solíamos escribirnos después de que Mamá y Papá murieran. Solía hablarte acerca de mis nuevos amigos y de mi nueva vida. Tú solías hablarme acerca el grandioso tiempo que mamá y papá estaban teniendo en el cielo.

La verdad es nada. Lo que tú crees que es verdad lo es todo. Y la principal cosa que solía creer era que estaría contigo para siempre. Para siempre. La razón por la cual me ha tomado demasiado en escribirte es porque me di cuenta de que he vivido en un engaño. He pasado mi vida engañándome.

Cada carta que te he escrito ha sido una carta de amor. ¿Cómo podrían ser algo más? Ahora me doy cuenta de que todas excepto ésta han sido malas cartas de amor. Malas cartas de amor piden amor de vuelta. Buenas cartas de amor no piden nada. Ésta, estoy contento de anunciar, es mi primera buena carta de amor hacia ti ya que no hay nada más que hacer. Tú ya lo has hecho todo. Tengo suficiente de ti en mi cabeza para durar para siempre. Así que por favor no te preocupes por mí. Soy feliz. En verdad lo soy. Lo tengo todo.

Si tuviera un deseo sería que tu vida te diera una probada de la felicidad que tú me has dado. Que puedas sentir lo que es estar enamorada.

Tu amigo para siempre,

Will

martes, 3 de agosto de 2010

El toque de un ángel...

La lluvia sigue cayendo desde hace unos días. Me encuentro parado solo en medio de una calle vacía. Escucho el incesante sonido de las gotas golpear el desolado suelo. Volteo para todas partes, pero no alcanzo a ver más que las gotas oscuras que empañan mis ojos. Siento en mis pies descalzos la rápida corriente de agua recorrer la solitaria calle. Espero a que algo suceda. Extiendo mi brazo derecho enfrente de mí esperando alcanzar algo. Intento abrir mis ojos para lograr ver más allá de la cortina de lluvia. Despejo mis párpados con mi mano izquierda y veo una extraña figura blanca. Un súbito destello aparece delante de mí. ¿Quién es? ¿Qué alma errante se postraría ante mí estando solo? No puedo caminar hacia aquella figura. Estoy paralizado de la cabeza a los pies. Mi brazo derecho sigue extendido en su dirección. El destello se hace más grande, pero no logro reconocer aquella figura. Una tenue pero pesada cortina de lluvia me impiden ver aquel curioso contorno. Abro mis ojos más allá de lo posible, no pestañeo por el temor a que la figura desaparezca y nunca más la vuelva a ver. A pesar de ser desconocida para mí, aquel resplandor blanco me llena de paz. Un súbito destello aleja las gotas de mis ojos y me permite observar y capturar la bella imagen de la figura. El tiempo se congela en un pavor espeluznante por saber quién es. Se aclara todo y me doy cuenta. Es ella. Es aquella figura que ha paralizado mis días. Aquella figura en donde el pasado y el futuro han desaparecido. Aquella figura que no he podido dejar de observar por miedo a que desaparezca. Aquella figura que ha donde quiera que vaya ha estado conmigo. Aquella figura que ha alejado mis temores y me ha dejado solo en el sentimiento de acercarme a ella. Es una figura angelical. Es el ángel de mis sueños. Es el ángel de mi realidad. Es el ángel que quiero alcanzar.
No quiero pestañear por temor a que desaparezca tan hermoso ángel. Tiene sus alas extendidas para protegernos. Sus ojos me miran constantemente. La espesa lluvia hace que su castaño cabello caiga pesadamente sobre sus hombros descubriendo su bello rostro. Sus ropas aparecen blancas como la nieve en una pureza efímera sin mancharse por la sucia lluvia que cae. Entre el largo tiempo que observo inmóvil aquel ángel hermoso, su brazo derecho se extiende enfrente de mí. Su delicada figura apunta hacia mí. Ambos permanecemos congelados por el instante. El agua sigue recorriendo nuestros cuerpos incesantemente. Queríamos acercarnos en un movimiento definitivo. Con mi mirada fija en su figura, ella hace un gesto con su boca. El ángel despliega una sonrisa de par en par en su blanco rostro. Un radiante destello sale de su bella sonrisa opacando la blancura de su vestimenta. El ángel me sonríe. Una inmensa alegría recorre mi ser. Entre las dulces gotas provenientes del oscuro cielo se siente una pequeña gota salada recorrer mi mejilla. Indudablemente es ella, mi ángel. Aquella figura de la cual me he enamorado. Me siento inútil por no poder moverme ante tal hermosura. No puedo ni hablarle. Dos figuras con una historia sin escribirse y por contarse permanecen mirándose eternamente en una calle vacía. Escuchan el pesado golpeteo de las gotas caer al suelo. Mantienen fijas sus miradas en el rostro opuesto. Dos figuras desconocidas permanecen congeladas en el tiempo en un eterno esperar. Un bello ángel con un brazo extendido postrado delante de él y un cobarde que no se puede acercar. El inicio de una historia que está por escribirse. Dos figuras errantes en una calle vacía, un hermoso ángel y su cobarde amante.
¿Quién es ese ángel? Eres tu Niche. Te conozco. Eres el ángel de mis noches. Eres el ángel que se ha metido a mi mente y no me ha dejado en paz desde aquel hermoso día en el que te conocí. Eres el ángel que guarda mi camino. Eres el ángel de mis pensamientos más profundos y efímeros. Eres el ángel que ha controlado mi tiempo. El pasar de los días contigo se ha convertido en un eterno esperar para volver a ver tus preciosas alas. Eres el ángel que se ha robado mis sueños y los has convertido en nuestros. Eres el ángel que he querido abrazar y besar desde que me enamoré de ti. Eres el ángel de mi inspiración para escribir historias irreales. Eres el ángel que ha sacado lo mejor y lo peor de mí. Eres el ángel que me ha acobardado por tu bello resplandor. Eres el ángel de mis alegrías y de mis tristezas. Has puesto en mí una sonrisa de par en par por tu toque. Me has hecho llorar de soledad por tu inexistente partida. Me has hecho reír por tu remarcable presencia. Eres el ángel que ha penetrado por mis puertas a mi alma. Eres el ángel que ha entrado a mi corazón y lo has cubierto en una blancura resplandeciente por tus blancas alas. Eres un ángel desconocido para mí, pero daría mis segundos por volver a estar contigo. En este instante, debajo de la lluvia, inmóvil ante tu presencia, parado sobre la fría y solitaria calle delante de ti, tú lo eres todo para mí.
Sigo parado enfrente de aquella hermosa figura, mi ángel. Un sin fin de pensamientos inundan mi mente, pero mi boca sigue cerrada. Me siento inútil porque estando tan cerca de ella no puedo decirle lo mucho que la quiero. Por mucho tiempo la he estado buscando y ahora ella se encuentra con su brazo extendido a unos cuantos metros delante de mí. Día tras día, noche tras noche, ese ángel me ha perseguido en mis pensamientos y en mis sueños. De día permanece como una imagen constante siempre a mi lado. Me permite voltear a verla y seguir adelante. No me ha dejado en paz desde que me enamoré de ella, pero no quiero que lo haga pues ha inundado de alegrías mis tristezas. De noche aparece delante de mí tan blanca y resplandeciente como yo siempre la he recordado. Se encuentra parada a un lado de mi cama con sus alas extendidas para cuidarme. En mis sueños ella aparece continuamente, iluminando mis pesadillas y convirtiendo mis sueños en mi realidad. Sigo sintiendo las gotas deslizarse por mi piel. Sigo viendo a mi hermoso ángel mojarse por la pesada lluvia. Un repentino cansancio me hace cerrar los ojos. No quiero. Tengo miedo a que desaparezca en mi pestañeo. El tiempo se congela y con los ojos cerrados viene a mi mente un sueño hermoso. ¿Quién está ahí? Es ella.
La música se escucha en el fondo. La luna resplandece entrando por el balcón del salón. Todo parece crear un ambiente perfecto para nuestro encuentro. Estoy sentado solo en una mesa para diez personas al fondo del salón. Bebo incesantemente la copa de vino que me han dejado enfrente mientras espero a que ella llegue. En mi espera, veo a un sin fin de personas pasar delante de mi mesa, pero ninguna es ella. En el fondo suena una tenue música melancólica que me hunde en mis propios pensamientos. La había visto en la tarde previa a la reunión pero me he adelantado y he llegado antes que ella al salón. Traía ropa blanca. Se veía preciosa. Resplandecía entre todos los presentes. Parecía un ángel congelado en el tiempo. No había tenido el coraje para saludarla, pero sabía que ella vendría y que aquí tendría otra oportunidad para estar con ella. Sigo aguardando sentado en la solitaria mesa. Volteo y fijo mi mirada hacia la decorada puerta blanca esperando a que ella llegue.
El salón se empieza a llenar más y más, pero ella sigue sin estar aquí. La música sigue sonando, ya no tiene un ritmo melancólico pero la soledad en la que me encuentro convierte cada sonido en un nostálgico recuerdo de ella. Una pequeña curiosidad me hace voltear a la pista de baile. Muchas personas se encuentran en el centro bailando en parejas al ritmo de un vals sin letra. Todos están con la persona que quieren o al menos eso parece, todos excepto yo. Me encuentro solo, esperando a que un ángel ilumine mi oscuro salón. Volteo de nuevo hacia la puerta. Ésta se encuentra abierta. Busco desesperadamente alrededor de mí para intentar encontrarla. Doy mil vueltas por todo el salón con mi cabeza, pero no logro divisarla por ningún lado. Todas las personas se congelan, el tiempo se detiene y me ahogo en una inmensa desesperación buscando a aquella persona que quiero encontrar. Regreso mi mirada a la puerta con la ilusión de que ella no haya sido la que entrara. Los minutos pasaron y nadie más volvió a cruzar por la entrada. De pronto alguien se acercó a aquellas decoradas puertas de blanco y las cerró. Tras haber perdido toda esperanza de encontrarla, dirigí mi mirada a la ya vacía copa. La sostengo con mi mano derecha y la acerco a mi boca seca para sorber la última gota de vino que queda. La levanto viendo en dirección a las puertas del balcón. Se encuentran cerradas. Habiendo saciado mi sed, bajo lentamente la copa descubriendo el comienzo de las puertas. Una pequeña sensación de ilusión me inundó al ver que las puertas se encontraban abiertas. Un pequeño rayo de luz proveniente de la luna llena entra por aquellas puertas. La luna parecía ser la invitada de honor de esta reunión. Terminé de bajar la copa a la mesa y perdí mi mirada entre la inmensidad de la noche. En mi inconsciencia, un suave resplandor cegó mi vista desde el exterior. Parada, recargada en el barandal de concreto en el balcón, se encuentra mi ángel.
Estoy sentado solo en una mesa deshabitada. La copa de vino se encuentra vacía. La música sigue sonando y las parejas siguen juntas sin ganas de separarse. Sin embargo, todo esto carece de importancia al contemplar aquel blanco resplandor que ha venido a iluminar mi oscura noche. Ella se encuentra afuera en el balcón. Un impulso recorrió mi cuerpo. Me hizo levantarme de mi silla sin pensarlo. El tiempo sigue congelado. Las personas siguen bailando sin moverse un vals silencioso. El oscuro salón se ha inundado del hermoso color blanco de sus alas. Camino lentamente hacia ella. Veo su espalda. Sus brazos están recargados en el barandal de concreto. Siento pánico a cada pisada que doy para acercarme a ella. Siento heladas gotas de sudor recorrer mi piel erizada por el nerviosismo de abrazarla. No cuento los pasos que doy para estar frente a ella, pero los segundos se me hacen eternos. Esquivo las mesas que están entre ella y yo. Me acerco poco a poco a su bello resplandor. Me paro debajo del marco de las puertas corredizas de cristal. Me quedo contemplando su contorno por un largo rato. Me encuentro detrás de ella, inmóvil por el temor de verla cara a cara. Me acerco lentamente hacia el barandal del balcón. Estamos solos debajo de una hermosa luna blanca en medio de una noche sin nubes. Me emparejo a su lado derecho y recargo mis brazos sobre el barandal. Volteo a verla con una sonrisa. Ella está llorando. Me quedo sin palabras. No sé porque está así. Despego sus brazos del barandal suavemente con mis manos. Ella mantiene su rostro agachado, con lágrimas recorriendo sus ruborizadas mejillas. No se escucha ningún sonido. Todo se encuentra en silencio excepto por el tenue canto de la luna y el estruendoso recorrido de las lágrimas al caer. La sujeto con ambas manos. No hay palabras. Sin pensarlo le doy un fuerte abrazo. Rodeo con mis brazos su delicada silueta. Siento sus largas alas pasar detrás de mi espalda. Siento su delicada cabeza reposar sobre mi hombro. Todo se ha paralizado por un bello ángel. Ni el pasado ni el futuro existen. Sólo existe este momento donde estamos ella y yo. Despegamos nuestros cuerpos un poco. Permanezco con los ojos cerrados. Lentamente comienzo a sentir como sus brazos se desvanecen. Un súbito temor me inunda. Abro los ojos rápidamente para ver que ha sucedido. Despierto de mi sueño. La veo justo delante de mí.
La lluvia sigue cayendo pesadamente sobre nuestros cuerpos. La calle en la que estamos continúa completamente vacía. Siguen las dos mismas almas errantes sobre el húmedo pavimento. Sin embargo, la escena ha cambiado. El ángel se ha acercado a mí. La distancia entre ella y yo se ha acortado. Los infinitos metros que me separaban de mi ángel se han convertido en escasos centímetros para poder rosar su suave piel. Aún no puedo moverme. Su cuerpo sigue en la misma posición. Su brazo derecho sigue extendido hacia mí. Mi mano derecha casi puede sentir su delicada mejilla. No nos movemos más allá. El tiempo sigue transcurriendo y ninguno de los dos hace algún movimiento. Nuestros ojos permanecen mirándose fijamente. Puedo ver adentro de ella. Me pierdo en sus cristalinos ojos cafés. Esos hermosos ojos que me han robado suspiros una y otra vez se encuentran delante de mí, observando mi cobardía. Sus hermosas alas continúan desplegadas de par en par para protegernos. Su ropa y sus plumas continúan mojadas por la incesante lluvia. Siento una frustración inmensa al no poder tocarla. Tengo a mi amada delante de mí y no puedo estar con ella. Su sorprendente blancura me ciega. Hago un esfuerzo constate para no cerrar mis ojos y seguir contemplando a mi ángel. Un repentino resplandor hace dejar de verla. Su bello y blanco resplandor me ha obligado a juntar mis párpados por un momento. Intento resistir para continuar observándola pero su luz no me lo permite. Antes ella se acercó a mí, pero no quiero que desaparezca. Quiero seguir observándola eternamente aunque no pueda estar con ella. Quiero seguir sintiendo su presencia aunque mi boca tenga sed de sus labios. Quiero seguir congelado delante de ella aunque no pueda tocarla. Quiero seguir viviendo delante de ella con la esperanza de que algún día la lluvia cese, que nuestros cuerpos ignoren el tiempo, que nuestras almas dejen de andar errantes y por fin se encuentren. Quiero vivir en la esperanza de que ella sea mi ángel por siempre y que pueda abrazarla eternamente.
Permanezco con los ojos cerrados, cegados por su hermoso resplandor. Una imagen viene a mi mente. Un sueño que tuve con ella hace no mucho tiempo. Nos encontrábamos en un parque rodeados de gente. La noche caía mientras el cielo se volvía cada vez más oscuro. Parecíamos dos niños chiquitos jugando a la luz de la luna. No había temores ni rencores. Corríamos en el verde pasto y nos colgábamos en el frío pasamanos de metal. Los niños corrían alrededor de nosotros mientras todo parecía congelado por su presencia. El silencio era abrumador y entre todos los sonidos, su voz resaltaba como el sonido de un faro en medio del basto mar. Las estrellas y la luna eran espectadoras de nuestro efímero encuentro. Las nubes parecían moverse al compás de nuestros pasos sobre el frío suelo. Ella y yo estábamos arriba de un viejo pasamano verde al centro del parque. Los minutos pasaban y el parque se quedaba cada vez más solo. La oscuridad de la noche se volvía más intensa. Sin embargo, para nosotros todo seguía congelado. Seguíamos estando juntos a la luz de la luna en un silencio encantador. Un súbito movimiento de ella rompió la tranquilidad en la que estábamos. Se bajó rápidamente y salió corriendo por un lado del pasamano rumbo a un callejón oscuro cercado por edificios. Casi inmediatamente después de ella me bajé y la seguí. Una persona desconocida para mí se encontraba cerca del juego de metal. Me preguntó para qué la seguía. Le respondí que iba tras ella para cuidarla. Apenas había dado unos pasos cuando ella entró por aquel oscuro callejón. Corrí lo más rápido que pude. Después de unos segundos entré al callejón. Di vuelta a la derecha apenas entrando. Las luces de los edificios no eran lo suficientemente fuertes para alumbrar el camino repleto de tinieblas. Di unos cuantos pasos más y giré a la izquierda. Al voltear en la esquina logré verla. Apresuré mi paso para estar a su lado lo antes posible. Me acerqué a ella rápida y cautelosamente. La toqué del hombro y ella volteó a verme. Me preguntó a qué había venido. Le respondí que la seguí para cuidarla. A pesar de la tenue luz que se asomaba por el callejón, podía contemplar su blancura completamente. De la cabeza a los pies podía observar lo bella que se veía delante de mí. Su presencia relucía en todo el callejón. Aun sin saber si había una salida, sentía una paz inmensa estando con ella. No importaba que camino íbamos a tomar, pues lo recorreríamos juntos. Me acerqué un poco más a ella y me quedé viendo fijamente a sus ojos. No me pude contener las ganas de rosar su suave piel, así que me abalancé sobre ella para abrazarla. Quería abrazarla para poder sentir su cuerpo cercano al mío. Quería sentir sus alas rodear mi cuerpo. Quería extender mis brazos hasta donde me fuera posible para cuidarla en todo momento. Con un abrazo quería que fuéramos uno y permaneciéramos así eternamente. Cerré mis ojos en el trayecto entre ella y yo. Abrí mis brazos completamente y rodeé aquella silueta blanca que se trazaba enfrente de mí. Los segundos se congelaron y el tiempo se volvió eterno para rodear aquel bello cuerpo angelical. Poco a poco me acercaba a ella pero al mismo tiempo sentía que su calor desaparecía. Acerqué mi rostro antes que mi cuerpo hasta rosar su bella mejilla. Un ligero toque fue todo lo que necesité para inundar mi ser en alegría y tristeza. Apenas rocé su suave piel y todo se empezó a desvanecer. Mis brazos hacían un círculo alrededor de alguien que ya no estaba. Abrazaba al viento en medio de un callejón oscuro y sin salida. Abrí mis ojos lentamente. Un pánico inmenso sacudió mi cuerpo. No quería abrir mis ojos por miedo a que ya no la volviera a ver. Quería imaginar que su hermosa sonrisa aun resplandecía delante de mí. Quería imaginar que aún estaba con ella. Terminé de abrir mis ojos y me di cuenta de la cruel realidad. Una lágrima se me escapó y recorrió mi mejilla. Sentí como se deslizaba lentamente por mi piel y la escuché caer al suelo. Estaba solo en medio de un callejón oscuro, atrapado por edificios altos y viejos con una tenue luz apuntando como reflector sobre mi pena. Me encontraba solo debajo de una luna escondida por las nubes en una fría noche. Después de un rato comenzó a llover. Fue entonces cuando recordé que estaba soñando. Desperté.
Sigo parado en medio de la calle con los ojos cerrados. Aquella lluvia de mis sueños no fue más que un reflejo de la realidad. Siguen cayendo las pesadas gotas de agua sobre mi cuerpo. Sigo con mi brazo extendido hacia adelante. Sigo inmóvil debajo de la oscuridad de la noche. Todo parece estar igual. Sin embargo, siento un inmenso terror revoloteando en mi mente. Parece que algo ha cambiado. Lentamente abro mis ojos. Lenta y dolorosamente empiezo a darme cuenta de que ella ya no está. Volteo mi mirada para todos los lados accesibles sin mover la cabeza. No hay ningún rastro de ella. Su bello resplandor se ha desvanecido entre la espesa cortina de agua. El abrazo vacío en mi sueño era su desaparición en la vida real. No la siento más alrededor de mí. Pongo una sonrisa de tristeza sobre mi mudo rostro. Comienzo a darme cuenta de que mi parálisis se ha ido y que puedo moverme de nuevo. Bajo mi brazo despacio. Abro completamente mis ojos sólo para observar la espesa lluvia. Observo la tenue luz de la luna reflejarse en las gotas de agua que caen al suelo. Pestañeo una y otra vez sin cesar con la esperanza de que ella vuelva a aparecer, pero no es así. Aquel ángel que se había estado acercando en mi inconsciencia, ahora ha desaparecido en un pestañeo.
Mis sentimientos hacia ella no han cambiado, sigo enamorado de ella, pero ya no hay nada más que se pueda hacer. Mi ángel no se encuentra más delante de mí, ha desaparecido. En mi cobardía dejé que se escapara una vez más. El temor de acercarme a ella me ha alejado del ser del cual me he enamorado. Mi felicidad se ha escapado junto con ella. Me he quedado solo en una calle vacía. Una cobarde alma errante en busca de su ángel. Inconscientemente esperaba que algo sucediese. Un momento que me llenara de esperanza y que me diera la ilusión de que estaría con ella. Un rayo de luz que rompiera entre las cerradas nubes de mi noche lluviosa. Un instante efímero que cambiara nuestra historia para siempre. Pero nada sucedió por mi indecisión. Ella se ha ido. Yo me encuentro solo. La lluvia sigue cayendo fuertemente. Sigo pestañeando con la ilusión de que vuelva. La extraño. Te extraño mi bella figura angelical. Nunca me olvidaré de ti. Te seguiré esperando eternamente debajo de estas nubes para que estemos juntos y hagas brillar tu hermoso sol en medio de mi oscura noche. Nos volveremos a ver mi precioso ángel y esta vez será para siempre.
 
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